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Allá vamos

Estamos ya en 2019.
¿Qué nos depara? Con certeza, no lo sabemos.
Lo cierto es que hay mucho optimismo de una parte de los mexicanos, porque las cosas mejorarán.
Y deseo de otra parte porque las cosas vayan mal.
La primera parte, los optimistas, desde hace mucho tiempo esperan con ansias que este país mejore en todos los sentidos y en consecuencia las condiciones de vida.
Siguen viendo pasar el progreso y desarrollo de otros pueblos, siguen viviendo las mismas prácticas y vicios.
Siguen viendo el enriquecimiento de los políticos y parentelas que solo requieren de tres o seis años para no volver a dar un golpe en su vida, o hacerse de bienes que la mayoría no ha logrado trabajando 50 años ininterrumpidamente.
Por supuesto, está la parte o cara opuesta.
La que hoy en día está en contra de todo y a favor de nada.
Las razones son simples: no quieren perder sus privilegios.
Han tenido muchas oportunidades, no les han cumplido a los ciudadanos, han servido a sus intereses.
Quieren que se haga en un mes, lo que no pudieron hacer en años, con todo el poder para hacerlo y decidirlo.
Los dirigentes del Partido Acción Nacional atacan un día sí y el otro también al gobierno actual; dan pena ajena.
Más mesurados los del Revolucionario Institucional, que tuvieron una segunda oportunidad y la desperdiciaron grandemente, optaron por un candidato externo y los resultados fueron desastrosos. Ni la militancia votó a favor.
No es que se quiera o pretenda que apoyen, aprueben o digan si a todo, para nada. Siempre los contrapesos serán buenos y necesarios.
Pero tirarse al ruedo para hacer el ridículo no es recomendable, ni genera opinión a favor.
Son mayoría los que quieren le vaya bien al país.

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