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Reviven la Pasión y Muerte de Jesús

La llovizna mañanera fue el preludio para las lágrimas que los fieles católicos derramaron después de la crucifixión de Jesús de Nazaret, ocurrido hace casi dos siglos y que fue representada magistralmente en más de 10 parroquias de la Diócesis de Campeche, donde el barrio de Santa Ana compiló 57 años de esta representación de la Pasión y Muerte de Jesucristo.
La Santa Iglesia Catedral, las parroquias de Santa Ana, Santa Lucía, San Román, Guadalupe, San Juan de Dios, San Francisco, Sagrado Corazón de Jesús, entre otras, representaron puntalmente ante cientos de feligreses el recorrido de la “vía dolorosa”, el epíteto del predicador Jesús de Nazaret, que fue crucificado alrededor de los años 30 de nuestra era en el monte Gólgota, con un cartel en arameo que consignó: “Este es Jesús, el rey de los judíos”. Las representaciones fueron en dos modalidades de Víacrucis viviente y Víacrucis meditado.

REPRESENTACIÓN VIVIENTE

A las 9:00 horas, con el cielo nublado y con amenaza de lluvia, Armando José Rosado Cel, párroco de Santa Ana, desde arriba del escenario, instalado a un costado de la parroquia, leyó el pasaje que dio inicio a la representación bíblica de la Pasión y Crucifixión del Mesías, encarnado por Francisco Cahuich Mayor.
Sobre la plataforma de una grúa el grupo musical “Carisma” practicaba; los vendedores ambulantes hacían su agosto entre los peregrinos comerciando aguas, refrescos, bocadillos y frituras. Los actores de la representación llegaban con los trajes doblados sobre el antebrazo y el coordinador teatral los apuraba a vestirse.
Alrededor de las 10.00 horas el sacerdote dio el campanazo para principiar la representación e inició la demostración del esfuerzo de más de cinco meses de preparación física y espiritual, donde Francisco Cahuich Mayor, quien por segunda ocasión de manera alternada representó a Cristo, estuvo practicando con una cruz de 50 kilos a cuestas.
La primera estación del Víacrucis: la condena a muerte del Mesías; un Jesús impávido aceptaba las burlas de Herodes, de Caifás, de un satanás bordeando el escenario y del pueblo que cinco días antes lo recibió como su rey y que hoy lo condenaba a muerte, con un valor más ínfimo que el del vulgar ladrón llamado Barrabás.

Mientras las mujeres vestidas de pueblo sacaban el celular para tomarse la “selfie” para el “féis”, Cristo escuchó su sentencia flagelado, escupido y sobajado; fue condenado a morir crucificado, y en ese momento el cielo lloró, un chubasco de casi 15 minutos obligó a la representación a concluir esta estación en el interior de la iglesia; selfistas y feligreses se desperdigaron en toda el área y el ambiente quedó semivacío.
El recorrido se restableció alrededor de las 10 de la mañana, cuando el sol devoró a los nubarrones y acabó con la amenaza de lluvia; Cristo seguía siendo avasallado por los insultos y los latigazos, quien con la ropa sucia de sangre continuó la Vía Dolorosa, atormentado por el ensordecedor sonido de los tambores de la Banda de Guerra “Los Halcones” y regocijado por las alabanzas de “Carisma”.
Las sombrillas y las gorras relucían en el recorrido, primero los guareció de la lluvia y ahora los cubría del candente sol, todos los feligreses armados con botes de agua, mientras otros buscaron la sombra de las casas.
En la V estación, donde Simón el Cirineo fue obligado a ayudar a Jesús, fue un alivio para Cristo (Francisco descansó del peso de la cruz).
Los atrabiliarios soldados no dieron tregua al Cristo, lo fustigaron, lo escupieron, lo laceraron con sus látigos e insulto, mientras las atribuladas señoras iban cantando: “perdón, oh Dios mío, perdón indulgencia”.

TODO ESTÁ CONSUMADO

Un grupo de voluntarios se encargó de darle vialidad al recorrido, auxiliaban en el avance de los feligreses para hacer más rápida y expedita cada una de las 14 estaciones en que se divide el Víacrucis. La gente entonaba, implorando la misericordia divina: “Perdón Señor/ por lo que te hemos hecho/ por lo que hemos hecho mal/”.
Cristo (Francisco) se tambaleaba por momentos, empujado por los soldados romanos que le apuraban para llegar rápido hasta el Gólgota, en el escenario instalado a un costado de la iglesia de Santa Ana, donde fue crucificado, elevado en la cruz por un juego de poleas y sepultado en una cueva.
El recorrido fue de 2.1 kilómetros y duró más de dos horas; el derrotero fue sobre la calle Paraguay, tomando la calle Querétaro, luego la Nicaragua, pasando por la Tamaulipas y llegando finalmente a la parroquia desde la calle Chile del barrio de Santa Ana.
Cristo fue crucificado, desde el techo de la iglesia los fotógrafos intentaban imprimir las mejores imágenes, una enorme nube encerró al sol cuando el Jesús escenificado emitió sus últimas palabras.
“Consummatum est” (consumado está). Lo que está escrito se cumplió y el pueblo crucificó a su rey. Así han transcurrido 57 años desde la primera representación de la Pasión de Cristo en el barrio de Santa Ana y sigue siendo referente para otras parroquias.
La turbamulta actoral se lamentó de la condena al Cordero de Dios. La tristeza de la Madre de Dios (Claudia Pérez Naal) y de Juan (Janer Chí Esquivel,), al abrazar al Jesús yacente, se amplificó con la melodía “El diario de María”, interpretada por “Carisma”.
Muchos de los feligreses no pudieron evitar las lágrimas, sintieron en carne propia el padecimiento de Cristo. El llanto de los actores fue verdadero, un halo de tristeza bajó hasta el atrio santanero.
La bendición del presbítero concluyó la representación; pidió a los feligreses meditar sobre las Siete Palabras de Jesucristo e identificarse con cada uno de los personajes que estuvieron en su pasión, muerte y resurrección, para entender los misterios del Señor.
Ya dentro de la iglesia, una sonrisa iluminó el rostro de Francisco, valieron la pena los meses de preparación física y espiritual para este papel, que ya había encarnado hace poco más de seis años, en la misma parroquia de Santa Ana.
“Fue una experiencia que me ha acercado más a Dios, algo que valoro como ser humano”, indicó extenuado, con el manto manchado a un costado.

OTROS VÍACRUCIS

En las iglesias de Santa Lucía, Sagrado Corazón de Jesús y San Román se llevaron a cabo los tradicionales Víacrucis, donde los fieles católicos se reunieron para revivir las catorce estaciones de pasión y muerte de Jesucristo; también decenas de feligreses participaron en el Víacrucis meditado de las parroquias de Guadalupe, San Juan de Dios, San Francisco y la iglesia Catedral para recordar la Pasión y Muerte de Jesucristo.
Cabe mencionar que en todos los eventos se contó con la participación de elementos de la Protección Civil y Cruz Roja, quienes registraron saldo blanco. JSR/DSL/AY/HH

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