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Qué bueno

Cuando se toman cartas en el asunto, hay que aplaudirlo.
Así ocurrió ante las denuncias públicas de las autoridades de poblados de Calakmul y del secretario de Medio Ambiente, Roberto Alcalá, de deforestación en las reservas de Balamkú y Balam Kin por personas procedentes de otros Estados de la República, en particular Chiapas y Tabasco.
Los señores estaban tumbando árboles para comercializar la madera (las gráficas muestran que ya los habían convertido en tablones) y asentarse en el lugar.
Eran la avanzada, 13 personas en total que ya habían deforestado 43 hectáreas y levantado tinglados. Una de esas personas, por cierto, fue regresada a su Estado natal acusada de secuestro, nada menos.
Una semana después de la denuncia pública fueron desalojadas por elementos del Ejército y de la Policía Estatal Preventiva y recluidas en el Centro de Reinserción Social de San Francisco Kobén, en tanto se resuelve su situación jurídica.
Los señores estaban preparando el terreno para la llegada de más gente, para explotar toda el área inmersa en la biosfera de Calakmul que, por supuesto en los últimos años ha sufrido toda clase de embates por la riqueza de su superficie, la incapacidad de las autoridades y la acción de los depredadores, que no les importa en lo mínimo matar animales en peligro de extinción y deforestar para obtener recursos.
En estos días el Instituto de Investigaciones Económicas de la UNAM reveló que entre el 90 y 95 por ciento del territorio nacional se ha devastado, colocando a nuestro país en el tercer lugar mundial de deforestación.
Otro dato espeluznante: somos el país que más especies en peligro de extinción tiene. Y, ojo, albergamos entre el 60 y 70 por ciento de las especies de este planeta.
Qué bueno que en este caso en particular se frenó; sin embargo las autoridades deben estar muy pendientes, porque hay varios casos más que es necesario resuelvan y apliquen la ley.

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