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Siempre hay otros: La decadencia capitalista

Lo que hoy se pueda afirmar a favor del sistema político y económico que rige en México, más allá de sus contadas excepciones, no escapa a la atención de lo mediático; versiones contrapuestas, acusaciones, y en la inmensa mayoría, yerros de gobernantes.
Podemos sufrir y caer en crisis existenciales, ante los notables incrementos en los precios de los bienes y servicios, en las tasas de interés, en la cotización del peso respecto al dólar, y la suma interminable de las muestras de inseguridad.
Hasta las madres de familia ya le advierten a sus hijos pequeños, en la Ciudad de México, cómo reaccionar en el caso no deseado desde luego, de ser parte de la delincuencia y resultar asaltados o secuestrados los mayores.
Son los medios masivos de comunicación, como las redes sociales, los que nos han inculcado otros valores, no a la vida o a lo fundamental de la existencia, la sobrevivencia, si no adelantarnos a los hechos, juzgar a priori.
Y es que es tal el alboroto que se arma por las fuerzas discordantes de la denominada oposición política, que cuando no es gobierno, critica a rajatabla todo aquello que huele a algo de donde pueda sacar un beneficio en las urnas, no para ayudar a los mexicanos, ni mucho menos sumar a favor de una buena causa.
Estamos acostumbrados a hacer de la desgracia humana un gran exhibicionismo, sea cual fuere este, sin llegar al fondo de las cosas, y en otros casos amagar, sin cumplir a cabalidad la responsabilidad de cerrarle el paso a las faltas a la ley.
Hoy, el gobernador de Veracruz, Javier Duarte ha solicitado licencia al Congreso del Estado para ausentarme de la encomienda sexenal que todavía tenía por delante en 48 días por cumplir, pero el linchamiento de la sociedad ha provocado esta respuesta.
No sabemos cómo sostener un gobierno que es acusado de todo lo posible, porque de lo imposible, no tenemos memoria.
Y en el texto de renuncia habla que durante su desempeño como gobernador, procuró en todo momento servir al pueblo veracruzano fielmente y al máximo de sus capacidades.
Y las dudas iniciaron hoy, cuando acepta una entrevista en vivo en una cadena televisiva nacional, de la cual se sospecha dejó de contratarle sus servicios, y lo hace con un reportero que rebasa las buenas formas, y acusa de manera directa, cual ministerio público.
Es indefendible cuando duda si los funcionarios de su administración lo engañaron, se enriquecieron, o hicieron mal uso de los recursos públicos, porque estamos hablando de miles de millones de pesos, no cientos, ni decenas, ni centenas.
Hay en el escenario político nacional un gran pleito de callejón, cuando el gobernador electo, Miguel Ángel Yunes, afirma el enorme grado de corrupción que va a exhibir el primero de diciembre próximo, día que asume la gubernatura de Veracruz.
Desvío de recursos públicos, pago de facturas a empresas fantasmas, que acusó en el mismo programa, pero en fecha anterior el extitular del SAT, Aristóteles Núñez, y que ahora se niega de manera no contundente, dejando un resquicio para la duda.
Renunciar a tan 48 días de terminar un mandato, con el argumento de defender a su persona de las acusaciones que están en proceso, se nos hace un exceso, un exabrupto, en un sistema político que hoy tiene demasiados candados en materia de rendición de cuentas, para no despilfarrar los dineros de los impuestos de los gobernados.
Dicen que el dinero es como el embarazo, no se pueden ocultar. Cuentas bancarias que pudieron triangular depósitos, por prestanombres, en un hombre que subió como la espuma en la política con Fidel Herrera Beltrán, a quien por cierto también acusa Yunes Linares.
Apenas es el inicio de esa persecución mediática, que más allá de llevarlos ante la justicia o a prisión, nunca se logra divisar el tamaño de la deuda que queda como gobernantes.

En primera línea
Los constituyentes de la Ciudad de México poco a poco van alzando la voz. No hay ninguna previsión presupuestal para esta instancia.
Ni en el Congreso de la Unión, ni el Gobierno de la Ciudad, ni el Gobierno Federal.  Solo hay un convenio entre el Senado y la capital; no se refiere a apoyos económicos, sino en especie.
Todos quieren doble sueldo, porque todos están empleados en algo más. Espantoso el caso.

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