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Siempre hay otros: La hipótesis del destino

Creer o no creer es la disyuntiva que nos va a ir acompañando desde ahora. Ante la ruidosa realidad de no tener opciones para una crisis profunda de credibilidad, no tenemos escapatoria, porque no somos ni sordos ni mudos; menos en la pasividad de la existencia.
Trazamos ciertas líneas en el tiempo, porque nos atrevemos a mirar hacia adelante; las adversidades siempre se dibujan en los que se atreven a retar al destino.
Pocos amigos, que son de verdad, mencionan una vieja canción; otros pocos aparecen y desaparecen como actores de un pequeño reparto en el teatro de los sueños inacabados.
En los últimos días del primer mes de un año, que no se le parecerá a ningún otro por lo vivido en todos los sentidos, México se apresta para hacerle frente a un añejo enemigo, y tiene la obligación de cerrar las heridas abiertas.
Otros tantos afirman que es aquí donde está el infierno, y que debemos intentar al menos conocer nuestro pasado, para entender como país perfectamente el presente; nada en la política se da por generación espontánea.
El gobierno mexicano ha mantenido en su cargo al secretario de Gobernación, a pesar de algunas crisis en temas prioritarios, como la seguridad interna y un desgarriate que dejaron los que salieron por la puerta de atrás.
Miguel Ángel Osorio Chong, se vuelve a afirmar, tiene sus días contados en esta importante cartera del gabinete peñista, y gran parte de esos rumores se han dado con la llegada de Luis Videgaray como canciller, ambos aspirantes a la candidatura presidencial de su partido en el 2018.
El primero de ellos, ocupante de la gran casona de Bucareli, exgobernador de Hidalgo, del otro grupo en los pesos y contrapesos naturales en la política a la mexicana.
Luis Videgaray ha acompañado al presidente Peña Nieto, desde que era gobernador; antes, el ahora secretario de Relaciones Exteriores fue diputado federal.
No se descarta del todo en esta loca carrera, por los altibajos de un gobierno que no ha sabido comunicar del todo lo que pretende con sus decisiones, al secretario de Hacienda, José Antonio Meade Kuribreña, quien antes del relevo en la cancillería, era el más aventajado, más no en las encuestas de opinión, donde sigue de puntero Osorio Chong.
No hay más en la baraja de aspirantes reales a la candidatura, y con serias desventajas de dar la batalla en el campo abierto de las ideas y las propuestas al panismo y a López Obrador.
Se asegura que ningún partido político que vaya solo a las urnas, en las presidenciales de 2018, tiene posibilidades reales de ganar, ni MORENA, porque no cuenta con estructura en todo el territorio electoral.
Por ello será un distintivo a considerar lo que se arme en el Estado de México este año; a nada de contar cada cual con sus candidatos, la gubernatura de la joya de la corona, como le nombran, marcará pautas a seguir.
Nadie gana antes de competir; nadie llega por inercia al triunfo, y la gente que está dolida por tantos yerros, por demasiados tumbos, por las ociosidades de no medir las consecuencias de pésimas decisiones, pueden irse despidiendo de las mieles del poder político.
Porque desafortunadamente cada seis años nos reinventamos un país maravilloso, donde ciframos en frases su presente y su posible porvenir, y nos hemos quedado por décadas en el intento, nada se hace realidad.
Hay solo un bosquejo para los que deciden, pero para la mayoría, el retrato de México es uno solo, violento e inseguro; sin oportunidades y sin empleo; en el subdesarrollo y la miseria; en los abandonos recurrentes de los que menos tienen, en ese México que sigue clamando por vivir mejor.
Y las respuestas vendrán de esa sociedad civil ávida de participar, de colocar en el centro del debate los temas prioritarios en una democracia capitalista en agonía, que deberá considerar que los ruidos se pueden convertir en estruendos para el otro amanecer que ya esperamos.

En primera línea

Siempre debemos prepararnos para encontrar una salida. Casi todo tiene una respuesta, aunque muchas veces nos negamos a aceptarlo.
Hay que luchar por los ideales; sin ser protagonista podemos lograrlo. La inseguridad que hoy vivimos será pasajera en la medida que sea prioridad para quienes toman las decisiones. Estamos en medio de la nada.

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