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Siempre hay otros: Los juegos de la inteligencia

Han pasado los últimos años demasiado aprisa. Quizá no nos hemos dado cuenta de lo que hemos dejado ir, por las naturales entregas en lo mundano, y las salvedades que se ajustan sin coincidir.
Pero también debemos, al mismo tiempo, valorar todo aquello que ha sido posible sumar, aún en las tempestades más absurdas y las gloriosas pausas no previstas.
Se afirma, con razón, que el poder está muy lejos del día a día de mucha gente, pero tampoco más cercano del punto de partida donde se ofertan soluciones estériles.
Caminamos la vida con toda la mejor actitud en las sumatorias, sobre todo en las adversidades, que no son pocas, sin darnos por vencidos, sin claudicar ante un destino que cada quien construye con sus mejores herramientas, además del pensamiento.
Las pasiones van cambiando, se van transformando con los años, sorteando los naufragios idos, porque pueda que en el país nos mal acostumbramos a vivir de tres en tres los años, de seis en seis las esperanzas y de 10 en 10 las crisis recurrentes que nos arrinconan sin piedad.
Le damos rienda suelta a una imaginación inagotable de angustias y miedos; no somos tan atrevidos en los retos, en las metas alcanzables, lecturas y lecciones diarias, de todos lados, de todas latitudes, en los estruendos fabulosos de la sabiduría.
Viernes de estrenar más de lo mismo, en ese inagotable transitar de las amenazas, que vienen de afuera, del enemigo de siempre, un país que no admite que está enfermo de poder.
Se profundizan las desigualdades, ahora entre países, y las mediciones en las enfermedades del mundo serán letales; más muertes se sumarán en la frontera norte, de connacionales y centroamericanos con un deseo natural de un sueño truncado: vivir mejor a costa de su propia vida.
La continuación en la construcción del muro nos trae varias reflexiones, por lo vivido después del muro que echaron abajo la democracia y los consensos internacionales, para tener a una Alemania fuerte y unificada hoy.
Estados Unidos de Norteamérica no es más poderoso que la unión de los mexicanos. La salvación está en nosotros, en administrar nuestra esperanza, sin mediciones estériles, pensándonos en el bien común como la prioridad para aspirar a desarrollarnos como nación.
De ellos solo hemos recibido bloqueos a nuestros productos. Recordamos el primero de las negaciones al atún mexicano de exportación, en los setentas, más recientemente el aguacate, y en materia de transporte las trabas para permitir el ingreso de tráileres, que lleva productos a Estados Unidos.
Ahora resulta que la idea es desalentar la inmigración desde Centroamérica, que se estaciona en los Estados fronterizos de México, creando una gran incertidumbre, y hasta problemas de hacinamiento.
Se apresta Trump a trabajar con nuestro país, sugirió el miércoles pasado en su discurso, después de firmar la puesta en marcha de la construcción del muro en su frontera sur.
Afirman que se van a enfocar en seguridad y oportunidades económicas para ambas naciones; bien vale la pena dudarlo.
No hay que perdernos de la idea original de dejar de hacer lo que nos corresponde como país, fortalecer el consumo interno, asegurar bien los hilos sueltos en materia de pobreza extrema, pero sobre todo, garantizar las libertades de todos los mexicanos, más allá de sus creencias políticas y religiosas.
Que hay problemas cotidianos, es natural; no es conformismo, siempre hemos transitado con ellos, unos superables, otros más con los cuales no tenemos vulnerabilidad, y los menos dentro del cuadro alarmante de la oferta y la demanda, tanto los dólares como las remesas que le inyectan al país optimismo económico.
Del tema PEMEX tenemos que hablar menos y analizar más todo lo que se conoce alrededor sustentable, y lo previsible; de ahí depende mucho que sigue.

En primera línea

Ni hacernos los occisos, ni colgar la hamaca cómodamente en el corredor de los sueños inacabados; dejar de hacer y dejar pasar sería tanto como suicidarnos.
No está en los planes presentes el naufragio sin luchar de frente contra todas las tormentas. Sean bienvenidas; la preparación, junto con la inteligencia, son la clave de cualquier victoria.

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