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Popotes, un riesgo para los mares

Si los 500 millones de popotes, que un solo día se producen en Estados Unidos, se amarraran como una larga vara, se lograría envolver a la Tierra 2,5 veces.
Este dato, que fue calculado por la iniciativa internacional El último pitillo plástico (The Last Plastic Straw), es una imagen que, aunque parezca ciencia ficción, evidencia cómo la producción y contaminación por residuos plásticos desechables en los ambientes marinos acumula cifras astronómicas año tras año.
Nada más en el 2015, según la ONG internacional Ocean Conservancy, que programa la jornada de limpieza de playas más grande en el mundo, se reunieron 18 millones de toneladas de basura en las playas del mundo.
En el listado de los objetos más colectados, el popote ocupa el quinto lugar (con cerca de 439.000 unidades encontradas en las playas) por debajo de las colillas de cigarrillo, las botellas de plástico, los empaques de comida y las tapas de botellas, que están en los primeros puestos respectivamente.
Estos tubitos de plástico, que tienen un tiempo de uso entre 10 y 20 minutos, pero cuyas partículas pueden navegar en las corrientes oceánicas por milenios, se han convertido en un problema global por su inadecuada disposición.
La gravedad del asunto ha llevado a que colectivos de ciudadanos de todo el mundo proclamen como su consigna ambiental: ‘Sin popote, por favor’ o ‘Mejor sin popote’. Son campañas en la que les piden a los ciudadanos cambiar sus hábitos de consumo.
Sumados a las bolsas, tapas y otros desechos derivados del petróleo, estos utensilios son parte de los objetos que hoy tienen en jaque a los océanos.

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