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Siempre hay otros: Mi testamento al mundo

México se encamina a una situación similar a la de España, y que, para frenar el brote, la opción es el aislamiento.
Gustavo Ortíz

Pocos, antes de este lamentable suceso que estamos sobreviviendo, nos planteábamos en algún momento como íbamos a morir, y hacíamos lo conducente para no dejar a la familia en shock. Mi padre presintió su muerte meses antes, y en mayo del año 1997 adquirió un espacio en uno de los dos panteones en el pueblo; moriría cuatro meses después.
Las calamidades nunca llegan solas, y menos tocan a la puerta, o aúllan y el ruido se cuela por alguna ventana. El sacrificio de lo mundano, levantar el telón y ver lo indeseable, lo soñamos; adelantamos la inquietud para transformarla en realidad, esa que los políticos nos ocultan, y que devela el abuso en el uso de la información de primera mano.
Con el presente se han cancelado la democracia y el libre albedrío. Morirse es la única escapatoria ante la inoperancia de la contención en una crisis de salud pública que se veía venir en México desde la cancelación del Seguro Popular y antes también, en el cambio de nombre de la secretaria clientelar, perdón, del Bienestar, pero de quienes quieren perpetuarse en el poder político en un país a la deriva y pobre.
La combinación de la ecuación es terrorífica. Atravesamos el océano índico sin conocer el mapa de ruta, no sabemos nadar y la balsa es un imaginario artefacto de papel, de china, tan delgado como la suerte de estar vivos todavía, con tantos y tantos experimentos a los cuales hemos sido sometidos, sin aviso previo, misiva o alerta en el buzón de la entrada al infierno.
Nos queda menos tiempo que el recorrido hasta hoy. A la inmensa mayoría de la gente pensante, que esta vez duda, pero tiene miedo, la solidaridad es una palabra hueca, sin razón de ser, mientras los políticos de pueblo acuerdan no cobrar el agua que no llega a los hogares de los adultos mayores, y les llevarán arroz y aceite para que se entretengan, mientras les llega la hora de su coronavirus.
Es cruel y despiadada la realidad. No nos asombra que un ignorante aprovechado, como lo es el ahora dizque gobernador de Puebla, asegure que sólo a los ricos les da éste virus y a los pobres, como él, no. Es un ridículo y se burla de la pobreza, del dolor ajeno y hasta de los poblanos.
Quienes debemos más de lo que poseemos no nos debiera preocupar la muerte, esa figura que hasta reímos, caricaturizamos, pero al fin y al cabo las aristas de los afectos más cercanos enmudecen ante un posible estornudo hoy, un quebrantamiento en la salud, o el simple dolor de huesos, sintomatología de algunas otras enfermedades, pero están en la simulación de asustar sin bombas atómicas, porque no se trata de no habitar el planeta tierra, sino hacerlo más saludable, porque vaya que se está limpiando. Los pájaros se oyen cantar, a pesar de la gran contaminación atmosférica, porque las plantas de producción no paran, ni las de hacer papel y realizar la combinación para el alcohol, y no necesariamente para ingerir, en casos de las otras penas.
Un testamento lógico ante el mundo es que los niños abran los ojos, que los jóvenes dejen unas cuantas horas el aparato celular y se dispongan a ubicarse en el presente e inicien a la brevedad la construcción de su futuro. Nosotros, los casi adultos mayores, ya con un muy largo recorrido por la vida rutinaria, somos prescindibles.
Me queda perfectamente claro que el cielo es gris hoy para millones de personas. El mundo está girando más despacio, las horas son tal vez interminables, pero cada una de ellas también contiene 60 maravillosos minutos, que los estamos disfrutando en familia; y a los que están solos, ánimo, la vida quizá se apague mañana, pero el sol saldrá para esos otros miles de millones de seres extraordinarios que habitan la tierra. Saldremos de esta encrucijada puesta por los poderosos.

En primera línea

La ignorancia es mala consejera. Tenemos que exigirles a los que gobiernan que lean, se actualicen, reconozcan que no son todólogos, y sobre todo humildad ante la grave crisis de salud pública que vivimos.
Dejemos el narcisismo para los tiempos electorales. La gente sabrá si será engañada nuevamente, o un cambio necesario se cierne sobre los cielos de una perla.

  • OPINIONES

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