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Siempre hay otros: Criterio de oportunidad

Los que han amado han hecho siempre el máximo daño. Han exigido lo imposible, como todos los amantes.
Nietzsche

Absolutamente nada extraordinario en los dos días consecutivos de audiencia de quien ahora se conocerá como el primer soplón de la 4T, que solo humo dio a la concurrencia, esa que por supuesto está más preocupada por sus enfermos, en el virus, en no contagiarse y en la economía que cae estrepitosamente.
Viaje gratis desde España a México, arreglos al más alto nivel del poder político, donde alcanza en una transición tersa, muy tersa entre Peña Nieto y López Obrador. No es sospechosismo, es más de lo mismo, atole sin dedo, donde no todos son juzgados de la misma manera y los huérfanos, como Rosario Robles, son abandonados a su suerte.
Estamos en un pantano, en solitario, y Emilio Lozoya, como era de esperarse, la iba a librar la cárcel fría del reclusorio Norte, porque se alinearon los astros, no de Houston en el beisbol norteamericano, que por cierto ya inició la temporada, pero lejos del interés sin públicos. Los astros políticos que decidieron un show mediático para esa concurrencia morenista, llegada sobre todo del priismo y perredismo, con demasiados demonios a cuestas.
Salvable el pellejo de la familia Lozoya; serán descongeladas sus cuentas, entregada su casa y él se compra un brazalete para ser localizable, en su casa, en el valle de México, sin salir al extranjero, por ahora, claro está, donde la Fiscalía General de la República, de Alejandro Gertz Manero, quedó muy mal; no nos extrañe que le renuncie al presidente después del ridículo hecho que también alcanza a Santiago Nieto.
Un circo de tres pistas escenificado desde un hospital de cinco estrellas al sur de la capital del país; una burla a los medios de comunicación, a la seriedad de la política, y sobre todo al sistema penal acusatorio, que extradita sin pruebas para juzgar y procesar de forma recta, derecha, en la transparencia de la oportunidad, esa que dice combate la corrupción.
El dinero es del diablo, titula Pedro Ángel Palou en uno de sus libros, y vaya que lo alcanza la razón. Millones y millones de dólares, antes nadie en la comisión de los delitos concurrentes, cohecho, delincuencia organizada y lavado de dinero; obviamente ilícitos a la vista desde hace varios años, y que han alcanzado, en el caso de Odebrecht, hasta a ex presidentes en América Latina.
No olvidar el suicidio del dos veces presidente del Perú, Alan García; alcanzado por el escándalo de sobornos para obras en su país, una empresa que, como muchas otras, utilizaban “asesores”, que ofrecían importantes sumas de dinero a funcionarios público a cambio de asignaciones directas, al margen de la ley en su momento.
Duró poco el volador de Emilio Lozoya. Hoy nadie podrá creer en una extradición para juzgarse de acuerdo al Código de Procedimientos Penales vigente, por ello ahora declara el abogado defensor, que renunció al caso, Coello Trejo, que él es abogado, no negociador.
En el fondo y en la superficie tenemos más de eso que le llamamos, llamarada de petate. El pueblo bueno y sabio no se la creyó, no se la tragó, porque más allá de lo ridículo del inculpado declarado testigo, no protegido, sino con criterios de colaboración, lo cual no lo hace responsable de nada.
Somos poco serios desafortunadamente, y los comentarios al margen, que ubicaban al soplón como elemento necesario para salvar las intermedias de López Obrador para el Congreso de la Unión; fue solo un petardo mojado, y no por ello deja de ser preocupante, por todas las implicaciones en la ruta de dinero en campañas políticas y asignaciones de obra pública, además de adquisición de plantas chatarra.
El tema políticamente no da para más; hay una explicación en la lógica del poder político, un gran acuerdo de protección, para callar la verdad.

En primera línea

Ayer nos dimos la oportunidad de ver una película que retrata la violencia, y que no deja de preocupar, porque vaya que vivimos en las ciudades en una gran selva.
Somos los animales racionales casi irracionales; alimentamos con dolor la quietud, y hasta somos capaces de inventar que las personas se mueren, cuando están vivas

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