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¡Cristo Negro Señor de San Román en tí confío desde ayer, ahora y siempre!

El Cristo Negro Señor de San Román es todo un referente ineludible de nuestra ancestral identidad en virtud que desde ayer, ahora y siempre su bien amada y muy venerada imagen ha sido todo un ícono motivante en el devenir cultural e histórico del buen ánimo persistente del colectivo social que tiene sustento en nuestra proverbial Campechanía.
Además de seguir orgullosamente latente en el alma cristiana y marinera del impar Barrio de San Román del genuino y auténtico pueblo católico del Estado de Campeche.
He ahí que históricamente El Cristo Negro Señor de San Román ha sabido hacer siempre un bien ponderado uso educativo y cultural del tradicional y cotidiano pregón campechano.
Cuya índole cristiana entonces logra culturalmente emerger llena de vitalidad católica con ese vivificante y evidente matiz de fe saturada con convincente devoción evidenciada en la práctica por genuinos y auténticos creyentes católicos citadinos pertenecientes al H. Barrio del Cristo Negro Señor de San Román.
Y así por donde quiera que todos ellos pasen haciendo al andar su camino van portando el estandarte representativo de su inequívoca y unívoca fe cristiana que con pleno uso de la razón les permite poder llevar la buena nueva del evangelio de Jesucristo hacia otros confines del mundo partiendo desde la Puerta de Tierra hasta la Puerta de Mar.
Y desde ahí El Cristo Negro Señor de San Román incursiona hacia otros derroteros de tantas otras ajenas latitudes y así va poco a poco trascendiendo el limitante valladar pretérito del ámbito peninsular para entonces poder culturalmente posesionarse y al mismo tiempo lograr proyectarse a los cuatro puntos cardinales del orbe.
Es bien significante poder platicarles de nuestras gratificantes vivencias referidas al Cristo Negro Señor de San Román entre juegos y deportes juveniles que académicamente se fueron formativamente conjugando con aprendizajes de enseñanzas escolares impartidas y consecuentemente asimiladas por nuestra generación de 1954 -1957 en ese memorable claustro con porte señorial del viejo colegio del Benemérito Instituto Campechano.
Corría vivencialmente aquel ayer del año de 1957 al concluir nuestros estudios de Educación Secundaria en el Benemérito Instituto Campechano durante el mes de agosto cuándo en el aquel entonces nos sentíamos bien emocionados durante la ceremonia cívica que implicaba todo un riguroso protocolo de entrega-recepción del nuevo edificio de la Escuela Secundaria ubicada en el cruce de las calles 12 con 63 del actual Centro Histórico.
Ya que precisamente en aquel bendecido mes de agosto de la década de los años 50 del siglo pasado era bien estimulante para la grey estudiantil del Benemérito Instituto Campechano aquellos aconteceres no sólo educacionales sino también los religiosos.
Debido a que el mes de agosto anunciaba anticipadamente el arribo festivo del mes de septiembre que a su vez traía en consecuencia a la tradicional Feria del Cristo Negro Señor de San Román.
Donde ese inconfundible sentido festivo del mes de la patria se conjugaba socialmente con la esencia de lo pagano y sensiblemente se expresaba en la siempre bien emotiva e íntima convivencia eucarística ante el altar del Santísimo del muy concurrido templo del Cristo Negro Señor de San Román.
Los gremios deambulaban con sus bien emotivas procesiones encaminadas preferentemente hacia el templo del H. Barrio de San Román donde la feligresía fielmente evidenciaba ante el Cristo Negro no sólo su gozo distintivo sino que además se manifestaba también con un júbilo significante e inusitado porque iban acompasados con esa música vernácula de la sui géneris charanga del Maestro Ríos.
Cómo no recordar aquellos silbantes y humeantes voladores que hacían diana con todo un magno estruendo en la bóveda celestial entre bien cercanas y muy blancas nubes concurrentes que al doblar de las campanas
del templo propiciaban al mismo tiempo el anuncio del inicio de la santa misa acompañado conscientemente con esos primeros e incipientes efluvios de amores juveniles que aún calan bien profundo en las añejas intimidades de los imperecederos e inolvidables recuerdos.
Y ante el altar del Santísimo durante la Asamblea Eucarística la feligresía oraba al Cristo Negro y sentía en plenitud la reciprocidad del amor divino e infinito del Cristo Negro Señor de San Román que en ese preciso e íntimo momento se introyectaba una vez más en nuestros corazones ya que se daba a todos y a cada uno de los concurrentes matizando así la solemne ceremonia con un cúmulo de bendiciones que al mismo tiempo se refrendaban en la generosidad de la providencia de Dios nuestro Señor del cielo y de la tierra.

¡CRISTO NEGRO SEÑOR DE SAN ROMÁN EN TÍ CONFÍO DESDE AYER, AHORA Y SIEMPRE!


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