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Siempre hay otros: Tus pasos en la escalera

Hace dos años, 30 millones compraron un cachito de esperanza. No les tocó ni reintegro.
P.K.S.

Lo último que podemos esperar de un mexicano a otro mexicano es sugerir su destierro, un exilio que muy pocas veces es voluntario, y acorde a las aspiraciones personales o profesionales de quienes hoy invitan sin más a irse de México.
Irreverencias de un dictador en potencia podríamos leer, donde quien es parte de la comunión entre pecadores, sugiere la partida de al menos dos libres pensadores, curiosamente y coincidentemente, intelectual uno de ellos, el otro periodista; ambos paganos de un linchamiento mediático nunca antes visto.
Es Paco Ignacio Taibo II a quien me refiero, dejando plasmado en sus dichos todo un enjambre de brutalidad y venganza, no por el pasado reciente, donde ambos personajes pudieron ser beneficiarios de un sistema político agotado, al cual le prestaban sus servicios en revistas donde son propietarios, críticos hoy de un sistema qué en sus aseveraciones, se parece más al pasado que al cambio prometido.
Desafortunadamente los mexicanos con tal de acceder al poder político prometen todo a su paso por el territorio inundado de pobreza y de olvido, y la gente sin más necesidad que respirar, considera una oportunidad más a los que nunca habían tenido acceso a esas hieles fecundas de placer y de dispendio, en un grupo reducido siempre, por cierto.
Hoy no es la excepción a una regla generalizada y bochornosa, defender lo indecible, pero de la contraparte, de la cual habitaba una esperanza para hacer las cosas de distinta forma y manera, aferrados a ese lastimoso pasado, condenable pasado, corrupto pasado, lo que se quiera de adjetivos despectivos, bien ganados, no de las instituciones ni de los partidos políticos, sino de las personas en lo individual.
Compartíamos ayer en redes sociales pensamientos que hemos estado cabildeando con la conciencia en los meses recientes, atrapados en la ignominia, y despojados de toda maldad, para al menos intentar encontrar los equilibrios, en tanto el disparate sigue aconsejando rifar, provocar, no resolver, sino entretener en un circo con olor a humo incoloro.
Y afirmábamos sin temor a la equivocación, que pelear contra el pasado no hace más que remover heridas, y aplica en todos los ámbitos de la vida rutinaria. En ese momento pensé en los matrimonios que fracasan, o que se dan cuenta de que no da para más la relación, civilizadamente se rompe el vínculo legal, y permanece la obligatoriedad con los hijos, que no son culpables de los errores de los mayores, en este caso mamá y papá.
Así padece México, porque la vida está hacia adelante, no hacia atrás. De aquello debemos aprender, son experiencias, nunca un nuevo gobierno le ha quitado un peso partido por mitad a los rateros, a los corruptos, a los que llegan al poder a hacerse de contratos y de millones de pesos, en esa contrastante opacidad, mientras el discurso de quien siempre hablará por ellos perdona todo en tiempo presente; a sabiendas que todo tiempo alcanza para conocer el fondo y la forma de lo que se hace mal.
Las instituciones serán siempre el pilar de este país, pero pareciera que cambiarle de nombre o enviar a sus incondicionales, que no pasan la prueba de honestidad en muchos casos, por su condenable pasado, están en la primera línea con un cinismo demencial, vista de un pueblo cansado, harto de esperar y recibiendo migajas.
Solo los mexicanos somos responsables del gobierno que manda, sugiere, ejecuta, castiga, espía, condena y también prejuzga; pero también nosotros estamos en posibilidad, de contrastar lo que vivimos, medir los estados de ánimo entre los tiempos agotados es un simplismo, tenemos la obligación de hacer un serio y profundo análisis para conocer los alcances de la mediocridad, y los resultados catastróficos que podrían arrojarnos al final.
Nadie está exento de equivocarse, nadie está condenado a seguir el curso de una corriente que precipite las cosas en un naufragio cantado, avizorado, y terriblemente fatalista entre tantos distractores que nunca nos desviarán del tema fundamental: vivir mejor.

En primera línea

Una vez más quienes contratan encuestas se equivocan, clasistas sobre todo en la medición de los niveles socioeconómicos y de estudios, en un país cundido de pobres.
Además, la primera pregunta; si se aprueba o no la gestión del espurio, afirma la voz de la encuestadora: Municipio de Ciudad del Carmen. Cuánta ignorancia en verdad.

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