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Siempre hay otros: Los fogonazos de inteligencia

Políticas neoliberales son causantes de múltiples epidemias.
Marcos Cueto

Hoy las revoluciones son creativas. Las luchas encarnizadas por el poder político al menos en México, mantienen una tregua. En el centro y sur del país grupos armados, comunidades enteras, defienden sus tierras de cultivo, sus parcelas, lo que les brinda el sustento diario.
Medio Oriente, imparable; la construcción de más armas nucleares por los poderosos, donde China se ha metido junto con Irán en esa dinámica, a la cual Rusia y Estados Unidos quisieran imponer su ley del más fuerte y dominante, y se están topando con pared.
Repartir culpas al país asiático por el virus que nos invadió en los inicios del presente año, sin preparación, pero también con escasa información, permite este fin de semana, con un promedio alto de fallecimientos, abrir los estadios de futbol, mientras en Francia las medidas alcanzan para un toque de queda.
Somos muy irresponsables, y el gobierno, al desviar la atención de lo sustantivo, quienes no encuentran respuestas a sus males lo culpan de todo, sin obtener ni lo uno ni lo otro; ni ser vistos, ni resolverles sus males.
Las noticias no alcanzan a dimensionarse plenamente, y son absorbidas por otras y otras en minutos, en horas; y el archivo se vuelve interminable de acomodar. El siglo XXI está resultando adverso en todos los sentidos posibles; no hay planeación, menos la preparación para dar a conocer lo más importante.
Son los regímenes que privilegian las economías emergentes, los neoliberales que son atacados por la ambición de poder y causantes del colapso actual, en inteligencias cuestionables, esas que no logran asumir los riesgos de sus pésimas decisiones.
El poder por el poder mismo. Así notamos la crueldad en la animadversión hacia los latinos y afroamericanos en los Estados Unidos, donde ni republicanos ni demócratas asumen los retos de la inclusión en una sociedad marcadamente clasista y racista.
Vivimos en un mundo convulso, donde las oportunidades escasean, donde el éxito es sinónimo de envidias palaciegas, donde el trabajo continuo y el esfuerzo diario por salir adelante es tarea de unos cuantos.
La globalización nos atrapó sin estar conscientes de la realidad, esa que golpea fuerte ante la notable falta de preparación, en un futuro que no alcanza a llegar, y un presente inhóspito, cargado de negatividades, de jóvenes que no logran asimilar el peligro de una pandemia mortuoria. Estamos ante el caos como elemento plegado a la tiranía, democracias en el discurso, silencios prolongados ante señalamientos de corrupción, detención de los altos mandos que debían combatir al crimen, a la droga prohibida, hoy enterados de sus involucramientos, seguramente con el crimen organizado.
Abrir los ojos al conocimiento universal es necesario; exigir la verdad, no con órganos de transparencia que le imponen candados a expedientes en conflicto, que siempre esconden el cochinero, el engaño como instrumento y la simulación como bandera de lucha.
Ahora tres partidos políticos más en México, para fraccionar el voto de esa izquierda cargada de vanidades, de ínfulas de sentirse los dueños de la verdad absoluta, concesiones con Tribunales, con la Suprema Corte, porque el presidencialismo está en lo más alto de su poder omnipotente.
En las negaciones no terminaríamos de enlistar lo que se ha dejado de hacer, mientras los presupuestos son cada vez más para las obras de dudoso cumplimiento para terminarlas en los tiempos establecidos, con un clarísimo derroche de dinero de todas partes, detonando escasez en medicamentos y apoyos a la pobreza galopante.
Lo más importante al final de un camino complicado hoy, es saberse competencia, no marginarse de esa dinámica que nos incluya en el desarrollo ocupacional; de cualquier forma, no todo está perdido.

En primera línea

El gran tema de México no es solamente la inseguridad y la falta de un diseño acorde con la realidad de cada región del país, sumida en esos problemas por más de 15 años.
Cada gobierno despliega una agenda personal de la lógica que les reditúa una buena renta electoral, más allá de atender lo prioritario de las mayorías.

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