Loading

Siempre hay otros: La otra tempestad, desenterrada

Navegamos madre en un océano sin barcos. Piedad por nosotros, piedad por el océano, navegamos.
Anne Carson

Nuevamente la violencia hace presencia, coincidentemente en el pedimento de no más agresiones, contra las mujeres del mundo, de todas las edades, sustraídas contra su voluntad, secuestradas, desaparecidas, arrancadas de sus hogares, de sus afectos, con esa fuerza descomunal a la cual no le han podido hacer frente al menos tres presidentes.
Destrozos menores puede ser el parte policiaco, nada que no puede reparase, pintarse o componerse, pero que nos deja un mensaje claro una vez más: no están siendo atendidas ni escuchadas, ni los procesos judiciales van de acuerdo a las expectativas que todo mortal deseara para una víctima y sus deudos.
Los niños están de vuelta en las calles, en los cruzamientos de avenidas importantes, pidiendo una moneda, haciendo algún tipo de malabar o simplemente saltando con la cara pintada cual payaso de un circo, en la pobreza, la desnutrición, en ese olvido que lastima a las conciencias que se preocupan por ello, y que ocupan tiempo en saldar algunas situaciones.
Pocos, muy pocos se comprometen, lejos de los reflectores. Son unos cuantos en un país donde cada día se suma mayor desempleo, más pobres sin alimentos en sus mesas, -si es que mesa tienen-, y estamos en deuda por años con ellas las mujeres, y con ellos los niños abandonados a su suerte, a esa muerte en el anonimato.
Una marcha más en la Ciudad de México en días de simbolismos, de contrastes, pues mientras en México fallece una artista conocida a los 90 años, y en Argentina el mayor ídolo del futbol en ese país sudamericano, a los 60 años. Pero también se mueren los pobres, con nombres propios y apellidos como el de usted que me lee, o el mío, que es común como la mayoría, y nadie levanta la voz, ni reza una plegaria. Se nos está volviendo rutinario observar en las redes sociales esquelas, y ni una carita triste le obsequiamos a quienes tenemos agregados en Facebook.
Las lágrimas al parecer se han ido en el cambio de estación el año pasado, entre el verano y el otoño de 2019. Nos hemos ido haciendo de otras fuerzas, para navegar sin aguas en los océanos, y vaya que lo lamentamos, ya no nos aferramos a lo que pudo ser inevitable y ha partido. La muerte es aferrada cuando así lo desea, y no se detiene, avanza voraz, arrolladora, como una ola que nos arrastra, mientras algunos se encierran en sus lamentos. Desde casa debe partir el ejemplo de respeto a la niñez, a las mujeres. Esa violencia debe ser erradicada, no tratada, ni supeditada a un juicio de valor; el castigo debe ser ejemplar, sea cual fuere el parentezco o no, con la víctima.
Debemos cerrar filas como sociedad, porque estamos muy lejos de esos valores de generaciones pasadas. Hoy se tutea a los padres, se les habla a los tíos por sus nombres, y esas distancias en el comportamiento van estirando la liga.
La autoridad es responsable de brindarnos seguridad cuando transitamos en las calles, en los autos, pero ahí está superada por su propia incompetencia. El discurso supera nuestro asombro, una vez más un planteamiento en una conferencia mañanera, acaba en llanto por una madre a la cual le arrebataron a su hija para siempre; esa maldad que no duerme, y que no alcanza la justicia a dar con ella.
Por supuesto que se sobrevive con miedo, con la carga negativa del virus, y los sobresaltos por la violencia, como la de ayer miércoles en la capital del país. Mujeres radicales que no ganan ni un centímetro de justicia irrumpiendo contra negocios y sitios públicos; no es así como se solicita ser escuchado.
Quizá están hartas de no ser escuchadas, o ser parte de esa manipulación, como los familiares de los 43 desaparecidos de Ayotzinapa, que beben atole sin dedo cada dos o tres meses en Gobernación, con un Alejandro Encinas incompetente, como muchos otros. Espantoso y lo que le sigue este delicado tema de la violencia contra las mujeres.

En primera línea

Siempre será importante la preparación como herramienta para acceder a la competencia laboral; sin la debida actualización es complicado lograrlo.
Mujeres y hombres por igualdad en la vida profesional, ocupan espacios de atención por méritos propios, pero son los menos. Buscar los equilibrios es todo un reto.

  • OPINIONES

error: Content is protected !!