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Siempre hay otros: Y es que nos falta tiempo

La vida comienza en donde empieza la mirada.
Amélie Nothomb

Existen fechas irremediables, pecados inconfesables, nombres desde el anonimato y hasta uno que otro desliz de vez en cuando, en el agotamiento de los espacios con alguna posibilidad de sobresalir, entre la maraña del cuento corto.
Pero al mismo tiempo, en ese ir de un lado a otro, hasta por más de siete veces, para estacionarnos de pronto ante lo desconocido, cada quien va hilando de acuerdo a sus circunstancias, y los cambios son eso y también matices, ausencias insustituibles, y calendarios lejos de una bondad con nombre y apellidos.
Cada momento en la fotografía en blanco y negro nos dice mucho de lo que es una estruendosa realidad, en el alquiler de los sueños rotos, a sabiendas que una entrevista entre dos, o entre 20 escuchando, nos sabe más cercana a la nostalgia que a la concesión de la intimidad.
Del otro lado del auricular la pregunta llega de botepronto, poco más allá del mediodía, porque la melancolía se ha posado en nuestro horizonte y las palabras cual fuente de inspiración van hacia arriba y hacia abajo, a chorros, como el agua que cae cual tempestad cuando el cielo se empieza a cargar de nubes grises.
Los olores a los apegos en los dulces y los alimentos están próximos, se siente más cercana la tristeza en la orfandad manifiesta de casi todo, sin despedidas posibles, pero cabildeando en los días por venir, en la amistad fraterna, lo recuperable de un pasado lastimoso, donde el resquicio de la duda no habita más.
Son tiempos de transformación se nos informa; los anuncios suelen ser poco espectaculares, nada nuevo bajo un intenso solo encontraremos, donde los resultados seguirán flotando en un ambiente de oscuridad y ruina, como siempre.

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