Loading

Siempre hay otros: La tumba de los peluches

No deja de sorprendernos la imaginación de la niñez, esa que dibuja, pinta, ilumina, y hasta escribe palabras y frases en inglés, español o francés, porque son dos los idiomas además del nuestro, en la educación, para dar un gran paso hacia adelante.
Obviamente llega de la mano de la inteligencia que se desarrolla, en la lectura y el estudio cotidiano de buscar las palabras cuyo significado ignoran, para que nada quede en el suspenso.
Desde luego las nuevas tecnologías de la información pueden equiparase a armas de dos filos, resúmenes para no ir al fondo de las historias, y los tiempos muertos al jugar en demasía.
Son, desde luego, tiempos mejores, donde todos aprendemos cada día algo más, pero tampoco estamos ajenos a mirar a los otros, quienes al parecer no se han dado cuenta que México es otro, que el mundo que habitamos ya cambió.
Por ello, desde hace unos días vengo dándole vueltas a lo ridículo que resultan las expresiones de algunos políticos, rebasados por los años acumulados, que sin duda les dejaron buenos dividendos, pero muy poco aprendizaje.
Cuando decidimos, como adultos, no reconocer nuestros errores, involuntarios algunos, pero los más con conocimiento de los riesgos naturales de asumir decisiones, estamos colocados en un reducto complicado, pero como simples mortales no pasa de ahí.
Pero cuando se ha navegado entre tormentas políticas, y se salió bien librado por años, no nos resta más que reconocer el gran despliegue de manejo de las situaciones, la inteligencia que acompaña al éxito, y las metas alcanzadas.
Es el caso en particular de Manlio Fabio Beltrones Rivera, un político priista, hasta ahora, con demasiado camino recorrido en la administración pública, después de ser gobernador de su Estado natal, Sonora, ha sido legislador federal con infinidad de causas a favor de leyes que nos permiten vivir mejor.
Pero hoy se ha equivocado, y nadie lo va a sacar de ahí, un error que se observa desde afuera, y desde adentro sigue la mata dando, seguro que  sigue escuchando en sus oídos adulaciones y palmadas de que se está conduciendo de la mejor manera.
Aunque las frases son contundentes, sobre todo cuando afirma que ¨es tiempo de cambiar nuestro sistema político para pasar de pactos pragmáticos e invisibles de gobierno, a pactos institucionales visibles, que nos obliguen a acordar una visión moderna de país y nos den gobernabilidad¨, puntualiza en su cuenta de Facebook.
Nada más erróneo que ello, porque tuvo los años mejores de su existencia política, dentro del partido que también presidió hasta hace unos meses, y declaró que no renunciaría después de la catástrofe electoral para los priistas en junio pasado.
Hay que tener memoria. Consideramos que es demasiado tarde con el debido respeto, desde adentro siempre será mejor intentar cambios, hoy, desde afuera, son gritos en el desierto.
El denominado Pacto por México, al cual alude sin mencionar su nombre, fue entre partidos políticos, que son instituciones en una democracia plural y participativa, derivando de ahí acuerdos importantes, que van algunos con lentitud y otros con prontitud, beneficiando a sectores productivos del país.
Había un gran encono después de la elección del 2012; hay que recordar que ahora todo se impugna, nada nos deja satisfechos, somos como muñecos de peluche muchas veces, comprados para satisfacer un momento, y arrumbados en donde caiga después. Da igual lo uno y lo otro.
En política no hay receta perfecta, sino perfectible, frases que no nos dicen sino más de lo mismo, pero con otras palabras, y al final de cuantas no logra atrapar nuestra atención, ni el gusto por verlo ubicado donde un día aspiró a llegar hace cuatro años y contando.
México ha despertado y ha cambiado. También se ha ido perdiendo la confianza en los discursos que anuncian metas inalcanzables; hoy debe haber un compromiso con el país, no para ganar el gobierno, sino para permitirnos asumir la realidad, esa que hoy está muy lejos con ésta frase que desea forme parte de un mal repertorio en el presente.

En primera línea
Un par de loros, pericos, guacamayas o que se yo como les nombren, han sido motivo de discordia entre la población carmelita; seguro estoy que fue una acertada decisión de imagen urbana pero se equivocó el lugar para ubicarlas.
El edificio administrativo del Ayuntamiento de El Carmen, desde nuestro punto de vista, debe ser un lugar sobrio; los mismos panistas señalan el error cotorro.

  • OPINIONES

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

error: Content is protected !!