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Siempre hay otros: La defensa sin tapujos

Me pregunto si llegará un instante, cercano quizá ya, donde logremos atrapar también los imponderables de la existencia.
Cada amanecer es diferente, los ánimos se alborotan de acuerdo a las circunstancias, desde la primera mirada ante un espejo, que es el reflejo fiel de nuestra realidad, los años, matices y forma de irnos transformando para ser únicos.
Los domingos, como ayer, donde sobra tiempo para leer; disentir de las ideas con las cuales no claudicamos; escuchar música donde la vida loca hace sintonía, después de madrugadas inéditas en el hacer por transitar sin riesgos. Llegan momentos para adentrarnos en lo inaudito, y las enfermedades se observan a lo lejos, o más cerca que antes; nadie es absoluto para no ser llamado a cuentas, los excesos son irremediablemente cobrados por el tiempo transcurrido.
Reflexiones profundas, cerebro de pan que no almacena todo, deja inquietos mis sentidos; la memoria es la máquina perfecta hoy, mañana, incertidumbre al despertar.
Horas que degustamos con quienes forman la parte más importante de nuestra existencia, los hijos que un día saltaron a la vida para volar con sus propias alas, y han logrado hacer de sueños de antaño, complejas realidades en un presente de más competencias.
Los miedos forman parte de los seres humanos; hasta de los animales, por la violencia, esa inquietud de saberse preso en libertad, y de conocer el embrujo seductor de lo imposible.
Lunes de estrenar vida en cada latido, pausado, acelerado o sensible de un sentimiento, donde poco queda para no imaginar; a la distancia, escuchar leer en voz alta al más pequeño de las alegrías de mis atardeceres, hojas blancas que se llenan de imaginación, color y palabras.
Y es que la vida es eso, darnos cuenta que estamos para cambiar, pero para ello nos falta decisión, no convicción; nos puede sobrar talento; pero se reducen los espacios, los tiempos se niegan a cambiarnos los sueños. Todo es posible.
A nada de preguntarnos una y otra vez qué hicimos mal, en ese fabuloso recuento al escribir nuestra historia de vida; los años de la niñez de sobresaltos, atrapados debajo de una cama en las escondidas de los juegos, correr sin desmayar en las calles de arena en una isla que se perdió para siempre.
Tanto para discernir en charlas interminables, inagotables, de sentido común, porque nunca hemos estado ni intentado aparecer desde las sombras. Nuestros cerebros no rinden cuentas a los extraterrestres.
No todos los domingos son distintos; los fríos del otoño presente nos recuerdan ansiedades, pensamientos de la economía; la política no la dejamos de lado, porque es la esencia de nuestra fortaleza; aun cuando podemos equivocarnos, apuntamos de manera puntual el número y el color; la suerte no existe, es el trabajo el que da los resultados deseados.
No todo el que mira a través de un cristal logra ver lo mismo, ni todo aquel que cree tener la verdad, le asiste esta; son dentro de la nada sideral, en el momento preciso de un análisis más profundo; informar qué tanto estamos agotados una vez más, curtidos por las situaciones de la realidad social, en esa interminable queja del discurso fácil, y el eterno indefenso, que argumenta con gritos su cinismo de verse apartado de la superación clasista. Hay quien puede asegurar que los colores importan; la vestimenta no marca ni honorabilidad ni identidad de pensamiento; los atardeceres son tan distintos como cualquier paso hacia al frente en la bondad, pero más marcados en esa maldad que no duerme, y que incide en la negación de la esperanza cierta.
Estamos a nada de conocer qué sigue, meses para no dejar nada para después, conocimientos a prueba de saberse incluido, reconocer resultados, conocer caminos en sobriedad, pero más triste que todo, informes concluyentes donde la pobreza ha alcanzado a la mitad de la población de este país que una vez intentó administrar la abundancia y hoy deambula en el cinismo de la imperfección.

En primera línea
Uno del PAN primero, otro meses después del PRI, ambos perseguidos por la justicia a la mexicana, que alerta a tiempo para que logren ponerse a salvo por un tiempo indeterminado, que hace revolver las aguas de la certidumbre. Hoy la gente se pregunta, también, que tan cierto es todo el mitote que se ha armado entre Padrés, de Sonora y Duarte, de Veracruz. Alcanza con eso para el circo de la democracia, o habrá otros atrapados con salida de emergencia a su disposición, nos preguntamos una y otra vez también.

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