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Siempre hay otros: Confundidos a propósito

Mantener el equilibrio hoy, no es algo que se observe limpio, transparente, más allá de todos los poderes que, no pocas veces, se confabulan en contra de los desposeídos, aquellos huérfanos de patria, en la caridad humillante de sus batallas perdidas.
Saltar de un lado a otro, en el libre pensamiento de las situaciones de riesgo, entre el clima confrontado y el desorden de los años abandonados a su suerte, porque el roce con la seguridad es cada día menor.
Y es que no es una realidad ignorada por los que deciden por nosotros, sabedores de todo aquello que impacta en el desánimo de la gente, en ese deambular sin rumbo, incertidumbre que más allá de las elecciones.
Los tribunales en este país de enormes contrastes se preparan; no es un asunto menor calificar las presidenciales de 2018, aunque falta mucho tiempo para los escépticos, y casi nada para los enlistados, más los que lo harán, con o sin consentimiento de sus infieles seguidores.
No puede ser factor el Estado de México y ese voto de castigo a un gobierno que suma de a poco, resta otro tanto, pero no deja de intentar incluir en la agenda política la atención a los menos afortunados en el país.
Lo social es prioritario en toda administración, en unos estados más que en otros. Los programas se les imprime todo el apoyo: comunidades apartadas; voto verde o azul; duro o suave; clasista o cooptado; suma uno, o dos o más, quizá lo que la imaginación pueda encontrarse.
Las acusaciones son sinónimo de ocho columnas: todo es recurrente, excesos de gastos, de spots, de encuestas de opinión, y total falta de claridad para conocer que dicta el consenso, más que el disenso, que lo sabemos todos.
No son los alfiles de hoy los candidatos del mañana. Ni Ricardo Anaya, menos Enrique Reza o Alejandra Barrales, ya no digamos Andrés Manuel López Obrador, tienen para ellos la varita mágica que les brinde la certidumbre del triunfo por si mismo.
Abanderar la pobreza, que no duerme, así como los malos pensamientos, sueños rotos en el aparador, entre una izquierda dividida, pulverizada, y una derecha cimentada en la oferta política, no más.
Otras tantas veces se hablaba del centro-izquierda, pero para quienes todavía nos asumimos liberales, consideramos que todo pasa por el cinismo de los incumplimientos, y las dudas del futuro a mediano plazo, donde se pueden alcanzar resultados tangibles para los más; no como siempre.
Lo mediático de la búsqueda de dos ex gobernadores, más otros tantos huyendo a salto de mata, nos deja claro lo ridículo del aparato de justicia, que no prevé ningún tipo de vigilancia para los pillos de cuello blanco almidonado, esos que nos hacen dudar, una y otra vez, si algo puede cambiarnos la ruta trazada, o seguiremos en la fidelidad a la corrupción.
Se anuncia que el 2017 será un año muy difícil. No sabemos hasta dónde llegue esa expresión; si están considerando que bajarán las remesas de nuestros connacionales, ante el cambio de gobierno norteamericano, que querrá cobrar facturas de nuestra osadía al invitar al perdedor a casa.
Nos gusta en demasía no especular, tener el listado completo de los que se apunten. La Presidencia de México demanda algo más que conocimiento del entorno político, problemáticas sociales, demandas laborales, reformas estructurales, obra pública y concesiones, o hasta atender las inoperancias de los que son parte del andamiaje, porque se asume que no hay otros.
Y es que siempre hay otros, con otros modelos de atención, en las intenciones perfectibles de los asuntos relevantes, y sobre todo las respuestas a esos envíos de la oposición, en una guerra sin cuartel, constante, incisiva, desgastante, acusatoria, pero al final del camino superflua, que no nos lleva a ninguna parte.
Es posible que estemos confundidos a propósito, y que en nuestros desvelos veamos lo que no es, y soñemos lo que no pensamos, y al otro día, divaguemos que tan solo sumamos por uno, un mortal deseando mejores situaciones sin tantos riesgos, en un horizonte por pintarse más sin los colores de siempre.

En primera línea
Bien dicen en mi pueblo pequeño, esa isla desde la cual un día logré salir por mis propios medios: la justicia llega tarde, pero llega.
Atrapado en sus propios infiernos, por delitos graves de despojo, ahora a enfrentar la realidad, después de que hace 10 años,se apropiara de lo ajeno sin pudor alguno. Todo el peso de la ley para quien deseaba comerse al mundo en un sitio.

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