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Siempre hay otros: Doble discurso, con el paso del tiempo

Pueden cambiar los tiempos en la existencia, pero el fondo de las percepciones de las formas, en los políticos del siglo pasado, siguen siendo una fatal continuidad que se pretende convertir en un negativo continuismo.
Así se presenta ahora Manlio Fabio Beltrones, exlegislador federal, exgobernador de Sonora y exdirigente del PRI nacional, sin omitir que aspiró a la candidatura tricolor en el 2012, pero prefirió en esos momentos, no pelearse con su futuro.
Ahora resulta que la gobernabilidad del país no puede seguir dependiendo de la voluntad, talento o imaginación momentánea de los políticos, sino de la certeza institucional, como de los gobiernos de Coalición, subraya el sonorense.
Muy activo en su retorno de vacaciones a la vida pública, que no política, para ello pareciera que le falta ocupar un cargo en la administración federal, o esperar ser enlistado para una posición cómoda plurinominal; recurrente por cierto en él, al Senado de la República para 2018.
Cuando los moches de los panistas aparecen, los comparativos del peligro que sigue representando para algunos actores del reparto mediático López Obrador, y el marasmo de llevarnos de nuevo a las urnas, con alguna que otra llave a modo, son parte del andamiaje en este México de profundas desigualdades de oportunidades profesionales.
Enrique Peña Nieto puede equivocarse o no; dejó de escuchar a sus asesores o no; lo cierto que es otro país, que desean seguir gobernando los mismos de siempre, pero con un discurso más pulcro, que no realista.
No hay visión del futuro, ni en lo social ni en lo económico; en este último rubro los vaivenes financieros externos, y la gran carga de la deuda externa y sus intereses, están ocultos para no levantar polvo de otras guerras.
Los malos vamos a ser siempre quienes pretendemos acercarnos a la verdad de los números, las cifras ciertas, lejos de los aparadores que muestran distintos matices; pero la esencia de la maldad no cambia, solo se transforma.
Son los jóvenes el potencial que se prepara para llevar al poder, en una democracia sui generis, con menos del 50 por ciento del padrón, la legitimidad de un presidente que llegaría débil. La oferta política es nula. Puede haber inteligencia, capacidad, pero falta visión en el escenario político; desgastados los que hoy nos vienen con un discurso hueco, carente de seriedad, presionando para ocupar espacios de los cuales han sido rebasados.
En el último tercio de la actual administración del presidente Peña Nieto, pareciera que todos se le van a ir en contra, más los que no encontraron acomodo en el gabinete, después de intentar justificar lo injustificable, perder elecciones desde el partido en el poder.
Las crisis nunca han cesado; los salarios no aumentan de acuerdo a las circunstancias que se viven; ahora van por coaliciones y alianzas, aunque híbridas, la meta es hacerse del poder a prueba de lo que sea, acercándose a la izquierda, coqueteando con quienes hasta hace muy poco eran los enemigos a vencer.
Manlio Fabio Beltrones olvida que en política la lealtad es lo que marca a los individuos que incursionan en ella, y no todos los sexenios son iguales, más allá de las costumbres y tradiciones de este pueblo pobre y gobierno rico.
Una larga, muy larga entrevista aparece hoy en un diario de circulación nacional, que habrá que leer más de una vez, para darnos cuenta de lo mucho que se transforma ese animal político que todos llevamos dentro, y que solo lo hace como medio de defensa o presión ante su actual situación.
Las instituciones se actualizan; los hombres también tienen que saberse eliminados cuando nada aportan para la buena marcha de un país, porque no hubo actualización, y han sido rebasados por todos los flancos posibles.
Lamentable quejarse desde afuera. Beltrones no es Cuauhtémoc Cárdenas, que se aventuró a dejar al PRI, para quedar reducido a nada tres décadas después.

En primera línea
Antes se declaraba que las coaliciones eran ilegítimas, obviamente cuando se trata que la oposición lo haga para ganar el poder.
Meses después aparece la incongruencia, para un sistema político mexicano que se reforma a si mismo todos los días, sino hay que darle una revisión a las reformas de los legisladores federales, los martes y los jueves al menos. Peor, imposible.

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