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Siempre hay otros: Marcelo Ebrard, bateador emergente

El placeo de Andrés Manuel lejos del país, distante al fenómeno natural que impactó significativamente los Estados de Oaxaca y Chiapas, que ya contabiliza 98 muertos, sin pronunciamientos de los temas de la actualidad política, llaman la atención de manera sobresaliente.
Ricardo Monreal es un activo muy importante en el tablero político del tabasqueño. MORENA se debilitaría no solo en Zacatecas; además habría que ponderar una posible candidatura en alianza para la Ciudad de México, con los panistas, perredistas y mocistas; lo cual de entrada abre un socavón de pronósticos reservados de profundidad.
Hoy se habla de los altos márgenes que está alcanzando la unión de tres partidos con miras a ganar la Presidencia de la República. Hasta ahí, sin proyecto, pero si con Ricardo Anaya de abanderado; aseguran panistas que por ello le entraron. Mancera no va.
Esperemos el pronunciamiento del aún jefe de Gobierno, deportista en uno de sus cinco spots publicitarios, del último Informe de Gobierno que presentará a los citadinos en octubre próximo.
Lo que aún no hace ruido, es más no llega a ser ni rumor, es la apuesta del de Macuspana para que en el juego que más disfruta, el rey de los deportes, tenga a bien mandar al plato de la campaña política al ex jefe de Gobierno y aliado por siempre de él, Marcelo Ebrard.
Desde que dejó la jefatura de Gobierno buscó una candidatura para el Congreso de la Unión, que le fue negada por el escándalo creado por la Línea 12, de la que por cierto hoy ya nadie habla, ni escribe, menos platica ni rumora. Todo un caso en este país; el polvo cubre rápidamente las ociosidades del escaparate de las desatenciones.
López Obrador está cansado. Han sido demasiados años de ir de un lado a otro; el desgaste es brutal, no solo de la esperanza tan ansiada para un cambio dizque verdadero, que muchos creíamos podría darse en aquel 2006 de muy tristes recuerdos para la izquierda mexicana desde el PRD y el bloqueo en Paseo de la Reforma.
México es un país de instituciones, y Marcelo Ebrard es un gran político, con un alto grado de aprendizaje, pero además respetuoso de las formas y los tiempos. Por ello ha regresado cuando está por definirse lo sustantivo, presto para entrarle al gran toro y domarlo; Marcelo es un amplio conocedor de las prácticas políticas, de la escuela del maestro Manuel Camacho Solís, quien lo guió en gran parte de su exitosa carrera política.
La lucha por el poder presidencial se va a centrar en dos grandes protagonistas; quien acuerde el tabasqueño que encabece la propuesta de MORENA, porque es una determinación personalísima, y los otros. Agrupados en esos frentes, alianzas o uniones discordantes que saben a poco al pueblo de México escéptico.
Serán algunos de los nueve estados donde habrá elección para gobernador determinantes, como Veracruz, Jalisco y la Ciudad de México, que sumarán millones y millones de pesos en una guerra sucia que de poco le servirá a los ciudadanos de a pie, esperanzados en escuchar lo mismo, pero maquillado. Todo cambia y se transforma en política para volver al mismo punto ciego, donde nadie ve, menos nos escuchan y sobre todo enmudecen ante la cruenta realidad.
Marcelo Ebrard puede representar el fiel de una balanza que se cargaría del lado que no asuste a los organismos financieros internacionales, tan dados a meterse donde hay un cambio de poderes, sobre todo, en un país endeudado como el nuestro.
La decisión está en un solo individuo para MORENA; el futuro de la tan ansiada tercera es la vencida puede llegar, pero mandando al bat a un bateador emergente y conocido. Marcelo Ebrard competiría para ganar la Presidencia con un discurso nuevo, más apegado a los tiempos del siglo XXI, de ese país que deseamos nos permita mayores oportunidades, pero sobre todo aquilatar las ansiedades de los otros, los desesperados que se apropian de los partidos desde la derecha, para desde ahí convertirse en candidatos sin una probada honestidad.

En primera línea

Una renuncia se puede dar en los próximos días. El daño patrimonial es de gran cuantía, no debe puede ni debe quedar de manera marginal, ante la reconstrucción de Oaxaca y Chiapas.
La Secretaria de la Función Pública ha dado las cifras de la sangría: mil 034 millones de pesos, más los ajustes en contratos originales dispararon costos a dos mil millones y todo por un socavón al descubierto.

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