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Siempre hay otros: Y no hay más que hablar

Las imágenes suelen decirnos mucho más que las palabras, en esa notable simbiosis de los protagonistas camino a la elección, en un 2018 donde aterrizamos casi a ciegas, porque los contrastes ocultan demasiada maldad acumulada.
Se nos convocará a votar el primero de julio, es un derecho que debemos ejercer con total libertad, pero para ello tenemos la obligación de indagar, hasta donde es conveniente el sumarle a la incertidumbre, al despilfarro o a la corrupción que solo el discurso maquilla.
Las descalificaciones están en el orden del día de los tres precandidatos a la presidencia de la República, no hay argumentos, menos propuestas, se acusa de todo lo malo en la política y ello hace que las hostilidades suban de tonalidad, no es nada grato.
En las redes sociales, donde dicen que habita más la libertad de expresión, cosa que dudamos, porque quien quiere baja una publicación denunciándola, o borra comentarios negativos a su partidos o aspirantes; el cuento de nunca acabar.
Estamos en el inicio de la travesía de un nuevo año, pero con la agravante que de esta elección federal se definen nueve gubernaturas, algunas más importantes que otras, por el número del padrón.
Chiapas, Veracruz, Puebla, Jalisco y hasta la Ciudad de México marcarán la diferencia, no hay un solo aviso tras bambalinas que haya al menos un alto a los incrementos en los impuestos, sino que se siguen sumando fatalidades de captación de recursos del contribuyente siempre cautivo.
Y es que por supuesto que escasea el debate de las ideas, de las propuestas, de proyectos donde se construya en unidad, en ese consenso donde las otras fuerzas al perder o ganar espacios legislativos, cedan a lo mejor que le puede pasar a México.
Infraestructura sí, pero para el Sur-Sureste del país, sumido en el abandono de décadas, ahí donde la pobreza no supera la mediocridad de los programas asistenciales.
Ataque frontal a la corrupción, con modificaciones a las leyes en caso de que un ciudadano electo cometa peculado y se le pruebe, devolviendo todo lo robado al erario público, además de la pena pecuniaria.
Consolidar las reformas estructurales, ningún país tiene la capacidad para reinventarse cada seis años, y nosotros no somos la excepción a esa regla elemental de la política práctica.
Hasta los partidos políticos cambian de denominación, los mismos protagonistas saltan de un barco a otro, con todo y red de protección a su anterior estatus de corrupciones evidentes, es superlativo el cinismo de los políticos que creen que no tenemos memoria.
Se olvidaron del Pacto por México, de los beneficios que obtuvieron en lo general y en lo particular, y México sigue sufriendo las inclemencias de sus ocurrencias de ahora, de acusar sin probar, de anunciar lo imposible, de denostar al enemigo político, que no es más que el mismo que se mira pero con otro espejo en contrasentido.
Tres debates pondrán a Anaya, Meade y López en una muestra de obvias divergencias, que no le vienen bien al país, porque la memoria existe, y se notarán las inclinaciones de los dos independientes que seguramente se les sumarán.
Y no hay más que hablar sino le suben el nivel a sus escarceos, no llega a la propuesta ninguno de los tres, ahí donde la diversidad aprobada en la Ciudad de México intenta sacar raja.
Ni el más o menos preparado para gobernar, porque no lo hace en solitario, menos aún lejos del espectro mundial donde estamos inmersos por obvias razones de economía, en el intercambio de bienes y servicios por mencionar un rubro. Seamos más serios, dignifiquemos el debate público, al menos en las redes sociales por ahora.

En primera línea

Se han desgastado los buenos deseos de fin de año, en los propósitos de sumar en los pronósticos que nos identifiquen, sin maquillar ni un centímetro de la maldad.
2018 es tan rudo como los incrementos de casi todo a la vez, y eso que no hemos checado los precios de los juguetes para el día de reyes, que ni acompañándonos la magia ajustamos a cubrirlos.

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