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Barandilla: El cambalache moral

En un hecho vergonzoso que debe calificarse como histórico, porque lo es para la democracia actual. El 21 de diciembre de 2017 el presidente de Perú, Pedro Pablo Kuczynski Godard, tuvo la maquiavélica sagacidad para evitar la defenestración que el Congreso de su país estaba por resolver en su contra, al parecer, a cambio de la traición a sus electores, otorgando el indulto al reo y sanguinario ex presidente Alberto Fujimori, quien durante 10 años en el poder masacró a su pueblo y se enriqueció ostentosamente.
Durante los meses de campaña por la presidencia de Perú en 2016, los candidatos en contienda, de un lado la joven y carismática hija del dictador, Keiko Fujimori y de otro el empresario de 78 años, anciano, rico y bonachón Pedro Pablo Kuczynski; la contienda fue muy reñida y la victoria que lo llevó a la presidencia de Perú la obtuvo prometiendo reiteradamente que no excarcelaría al expresidente Fujimori, cuyos actos de gobierno, contrarios a los derechos humanos son recordados con gran dolor por el pueblo peruano. La candidata Fujimori no pudo apartarse del recuerdo y las acciones de su padre, ofreciendo un Perú nuevo, joven y distinto, y la memoria colectiva se expresó en las urnas con menos votos.
La larga trayectoria empresarial y de servicio público del actual presidente Kuczynski es conocida y reconocida en su país. Así, durante el gobierno del presidente Alejandro Toledo Manrique (2001-2006), Kuczynski fue ministro de Economía; desde esa posición al parecer favoreció negocios entre una empresa de su propiedad, el gobierno de Perú y la empresa brasileña Odebrecht; en diciembre de 2017 éstos hechos han sido públicos y motivaron que el Congreso de su país le abriera expediente de causa política por permanente incapacidad moral.
En una maquiavélica gestión, a manera de un cambalache moral, al parecer entre miembros del Congreso simpatizantes del ex presidente preso, al tiempo que Kuczynski se disculpaba ante el pueblo de Perú con un emotivo discurso por los errores del pasado, también convino la abstención de la votación en su contra del número suficiente de congresistas para evitar ser destituido a cambio del indulto que concedió al ex presidente y que ha ofendido la confianza de millones de peruanos que votaron por él.
La narración de esta lamentable historia de traición y ambición política remite a la reflexión respecto de la vulnerabilidad de la democracia cuando quienes resultan electos en sus acciones de ejercicio del poder faltan a la ética política, a las promesas y compromisos que motivaron la decisión en su favor de los electores. La honradez, credibilidad y confianza son atributos indispensables en el auténtico líder; ésta es quizás una de las delicadas distinciones que separa la gestión de un dictador y un genuino gobernante, el dictador sabe que lucra con la desconfianza; el gobernante sabe del honor que obliga a la palabra dada.
La historia de la democracia alejada de la ética política acumula expedientes fétidos de nefasto recuerdo que han unido en eslabones de traición largas cadenas de deslealtades alcanzando con su poder corruptor incluso a quienes se pensaban impunes. El mal moral es incompatible con el bien común y todo gobernante debe guiar sus actos de poder en una clara ruta de valores morales, que son también valores sociales.

mcplataspacheco@gmail.com

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