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Barandilla: Consumo, el ansia por lo efímero

La certeza casi vital respecto de la breve duración y trascendencia que merece cualquier planteamiento, con frecuencia conduce a un estado o forma de pasar la vida ajeno a todo, en la superficie de cualquier tema, sin necesidad de profundizar, reflexionar o tomar postura. La humanidad ha llegado a un eclecticismo evidente: todo vale, todo es opinable, cualquier postura es interesante y respetable. Así las cosas, las definiciones, los valores morales y los compromisos intelectuales se han desvanecido o diluido en el trafico vertiginoso de los medios de comunicación y las redes sociales que determinan ritmos y tendencias a base de conteos de mano con el pulgar arriba o abajo como signo de agrado o desagrado.
Esa sutil, cambiante y acomodaticia postura vital, al parecer ha hecho surgir otras perspectivas motivacionales; el dinero, el placer, la fama y el éxito se han convertido en los ideales y máxima aspiración de los seres humanos. Una clara diferencia entre lo descrito en el párrafo anterior frente a lo que advertimos hoy, es la materialidad, el carácter sensible, tangible y apetecible de las motivaciones actuales, y es precisamente en la posesión de esos bienes donde es posible verificar su carácter efímero y su imposibilidad de saciar los anhelos trascendentes de los seres humanos.
Los temas relacionados con el dinero, el placer, la fama y el éxito han sido a lo largo de décadas el lugar común del acontecer noticioso, político y social. Así las películas de cine y canciones famosas han servido de medios para la creación de héroes, anti héroes, ídolos y villanos inmersos desde luego en sus respectivas historias rosas o escabrosas, dando cuenta del surgimiento y caída de esos super hombres y mujeres, cuya máxima motivación fue gozar y divertirse por encima de todo, evadirse de si mismos y sumergirse en el amplio abanico de sensaciones y experiencias ilimitadas.
Desde luego una cosa es disfrutar de la vida y las oportunidades que se presentan y otra muy distinta es hacer del dinero, el placer, la fama y el éxito la motivación para vivir. En el primer caso estamos frente a la normalidad de la vida; en el segundo, es evidente que la frenética carrera por gozar sin límite de todos los satisfactores posibles producen el debilitamiento y la muerte de los valores morales y las convicciones intelectuales, sucumbiendo al embeleso de la posesión de lo efímero, tan caprichoso en su durabilidad como variado en su oferta.
La moderna e invasiva publicidad masiva incita al consumo, creando falsas necesidades con la materialización de objetos atractivos que invitan a comprar. Así la posesión de lo efímero se concreta en un peligroso vínculo entre el consumidor adicto y los objetos que adquiere, de manera que lo nuevo, por el solo hecho de serlo, tiene preferencia respecto de lo bueno, lo útil o lo necesario. Al final del día lo importante es la experiencia placentera que sacia, aunque sea de manera momentánea, el hambre de sentido que lo efímero no puede llenar.
Bajo la perspectiva del consumo de lo efímero, cualquier objeto o planteamiento intelectual puede ser positivo o negativo, al punto que nada se considera malo o bueno en si mismo, porque los conceptos que son la base de los valores morales y las convicciones intelectuales están vacíos de contenido y dependientes del capricho e interés de cada usuario; la abstención, es decir la deliberada ausencia de compromiso y postura frente a las circunstancias de la vida está produciendo una sociedad donde la ética se ha diluido y se presenta sin deberes ni limitaciones objetivas. Advertir esta tendencia actual es el punto de partida para hacer conciencia y superar el ansia de lo efímero.

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