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Barandilla: Lo políticamente correcto

El genio de la literatura inglesa y universal William Shakespeare 1564-1616 escribió entre 1605 y 1606 la tragedia Macbeth. en esta obra de teatro describe el íntimo drama moral que estruja al protagonista cegado y envilecido movido y estrujado por la incontenible ambición del poder político.
Al regreso de una batalla triunfal, montados en suságiles caballos dos amigos Macbeth y Banqueo, se detienen en un paraje del bosque donde tres brujas, las fatídicas hermanas, los rodean, los asustan y les hacen una serie de extrañas profecías al son de un insistente canto que se queda grabado en el alma y la memoria del jinete Macbeth; lo feo es bello, lo bello es feo.
Las fatídicas hermanas que al ser tres representan el pasado, el presente y el futuro, predicen que Macbeth será nombrado caballero y después rey, pero que para ocupar esas posiciones de máximo poder político debe prescindir de todo pudor y contención moral y entregarse en cuerpo y alma al logro de este objetivo, optando abierta y resueltamente por el mal, la traición, la simulación y el engaño; a Banqueo le predicen que alguno de sus hijos, que aún no ha nacido también será rey, pero observando los valores y virtudes morales contrarios a los vicios que a Macbeth le son exigidos.
Ambos jinetes no saben si aquellas apariciones o profecías son ciertas o alucinaciones motivadas por la fatiga del viaje y la batalla. En el alma y la memoria de Macbeth ha quedado grabada la fatídica canción; lo feo es bello, lo bello es feo, casi llegando a la ciudad de destino, un mensajero se le aproxima para felicitarlo y hacerle saber que el rey lo ha nombrado caballero en reconocimiento a sus destacados servicios a la corona. Su desconcierto no puede ser mayor y la canción vuelve a resonar en sus oídos, luego de ser investido con los honores que corresponden, es notificado de la intención del rey de pasar una noche en su casa, de camino a una lejana diligencia. Mientras el rey Duncan duerme y descansa en el lecho del anfitrión, Macbeth decide matarlo, fingiendo un atentado, sellando para siempre su pacto con el mal, la traición y el engaño, como mecanismos para alcanzar, conservar y ejercer sin restricción el poder. Así llega al trono y es coronado rey, y la canción fatídica una vez más resuena en sus oídos: lo feo es bello, lo bello es feo.
La obsesión por el poder político ha sido tema recurrente en la literatura, el juego seductor de los medios y los fines para alcanzarlo; el engaño, la traición y la mentira como compañeros inseparables de viaje en el ascenso de la carrera política, haciendo de la simulación un arte de apariencia, donde la canción de las fatídicas hermanas nunca ha dejado de sonar: lo feo es bello, lo bello es feo, haciendo surgir el engaño colectivo resumido en la expresión de lo políticamente correcto como eficaz borrador de la objetividad de la verdad y del bien, criterios objetivos para valorar las acciones de trascendencia social.
Lo políticamente correcto, hoy parece haber sustituido a la ética política y a los criterios objetivos de bien y mal, de manera que quienes compiten en los procesos electorales mudan de convicciones políticas con la misma facilidad con la que cambian de ropa. En realidad parece que no existen referentes morales y si en cambio intereses económicos y ambición de poder; así la vaguedad que supone aceptar lo correcto como forma ambigua del deber moral implícito en toda acción, en realidad simula y confunde el valor real de las decisiones que se realizan en el ejercicio de cargos público. Que lo feo sea bello y que bello sea feo, como cantan las fatídicas hermanas en la tragedia de Macbeth, no es verdad incuestionable, sino clara advertencia del peligro de omitir o borrar los referentes éticos inseparables de la acción política que decididamente opta por el bien común.
mcplataspacheco@gmail.com

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