Loading

Barandilla: Fármacos de la felicidad

El célebre escritor surcoreano Byung-Chul-Han, nacido en 1959 y radicado desde los 22 años en Alemania, donde estudió metalurgia y después filosofía y literatura, en 2013 publicó un impactante libro que ha sido traducido a varios idiomas, habiendo superado las expectativas de ventas; “La sociedad del cansancio”. La fluidez de su narrativa con facilidad atrapa la atención del lector al emplear un lenguaje coloquial y directo; Han, como se le conoce en los medios académicos y literarios, es además profesor universitario y autor de 10 libros.
En opinión de Han, cada época se caracteriza por algún tipo de enfermedad. Así explica que en el siglo pasado las enfermedades eran virales y se temían los contagios y las epidemias, pero el desarrollo científico de los antibióticos en cierta forma ha contenido sus efectos devastadores; por contraste, en la actualidad la humanidad se está afectando con enfermedades neuronales; el estrés, la fatiga, los infartos y la depresión son los padecimientos mortales que ocupan destacados lugares en las estadísticas médicas.
La pregunta que a lo largo de los siglos ha motivado el desarrollo de las ciencias de la salud es qué ocasiona las enfermedades. Sin duda el estilo de vida, y es en el intento de respuesta a esta pregunta donde Han hace una brillante aportación a la reflexión, no solo médica, sino social y moral. Las personas del siglo XXI sin advertirlo se están convirtiendo en sujetos estresados y cansados por la positividad del poder, que fijándose en la eficiencia del resultado lo ha convertido en el flagelo hiriente sobre la vida cotidiana de miles y millones de seres humanos, que corren hasta la extenuación para alcanzar metas reales o imaginarias, posibles o imposibles, creadas artificialmente o comprometidas socialmente, donde el éxito registrado en número de likes llena de sentido la vida sin sentido de los habitantes de las comunidades virtuales de Facebook y Twitter, al sentirse ansiosos por el crecimiento en el número de sus fans y seguidores, presos de la inmediatez tecnológica que los consume a la velocidad del internet.
En la actual sociedad del cansancio, donde no hay límites o donde éstos han sido puestos por el propio sujeto para ser superados constantemente, los referentes morales, físicos o patrimoniales hacen evidente su carácter efímero y en consecuencia la certeza de vivir sin límites; jornadas de trabajo o de ejercicio físico extenuantes que no terminan a ninguna hora del día o de la noche, haciendo inevitable el colapso y sacrificio de la vida de relación familiar o personal, que el sujeto cansado advierte como tributo para alcanzar el éxito, la cima efímera que necesariamente será superada por el propio sujeto o por otros inmersos en el vértigo de la carrera y extenuados en el esfuerzo.
Así, según Han, estamos llegando a la sociedad del cansancio, donde el resultado conseguido de cualquier manera, con o sin trampa, se aprecia como motivación y valor supremo. Más allá de la necesaria disciplina que el deber impone, el sujeto encuentra sentido a su vida en la medida que se coloca en línea de arranque respecto del siguiente logro deportivo, laboral o social, por naturaleza banales y frívolos, que desembocan en frustración, cansancio, extenuación y depresión, llegando al punto de ser el propio sujeto explotador y explotado de su propia dinámica en una especie de nuevo capitalismo que concibe al potencial humano como mercancía y vehículo de triunfos tan inagotables como fugaces.
La sociedad del cansancio se ha extendido por el mundo a la velocidad de las competencias deportivas de todo tipo y presupuesto, ofreciendo a los participantes el espectáculo del límite de sus capacidades, siendo las obligadas lesiones físicas o emocionales, el cansancio y la depresión, el mercado propicio para el comercio de todo tipo de fármacos para la felicidad; aparatos para hacer ejercicio en deportivos o en solitario; ropa, calzado, accesorios, farmacéutica y desde luego calendarios de nuevas y desafiantes competiciones que prometen el logro del cansancio y el antídoto del fármaco de la felicidad, un circulo sin sentido que se aparta por completo de aquel lema que en Grecia miles de años atrás hizo nacer las competencias deportivas; mente sana en cuerpo sano. Allí era el honor la motivación para participar en representación de una comunidad y volver con la corona de laurel como símbolo del triunfo; ahora se trata de una autoafirmación egoísta y consumista, que con frecuencia se aparta del deber de cuidar la salud física y mental y desde luego la sana vida social.
Dra. María del Carmen Platas Pacheco
mcplataspacheco@gmail.com

  • OPINIONES
error: Content is protected !!