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Siempre hay otros: El conocimiento tiene vigencia

La ciencia es el gran antídoto contra el veneno del entusiasmo y la superstición.
Adam Smith

Bien dicen que lo que no se planea suele salir perfecto. En la vida rutinaria las sorpresas agradables nos hacen los días inolvidables, y en ese libre tránsito por los recovecos de la existencia misma, le ponemos punto y aparte a la fatalidad.
El día de ayer, último del mes de mayo, estuvimos en un recorrido por espacios nunca antes vistos, grandes edificios, instalaciones de primer mundo, en la zona de Santa Fe en la Ciudad de México.
Para compartir con ustedes esos momentos, quienes me leen desde hace casi 13 años y los recién llegados, porque hemos podido confrontar al consciente de muchas maneras, pero a los presentimientos que se traducen en sentimientos son insólitos, inimaginables, únicos, vivir para narrarlo.
Los hijos crecen y alimentan con su andar profesional y personal todos los días el conocimiento, ese que también tiene fecha de caducidad.
Escuché que no más allá de tres años y medio y pasan a formar parte de historias en el desuso. A cada paso nos nutrimos de más de lo que deseamos, y continuamos en el aprendizaje interminable que nos permitimos con quienes muchas veces no somos afines.
México vive tiempos de cambio de gobierno y también de otras tantas fatalidades en desencuentro. Otras edades, otros talentos, mayor transparencia, menor opacidad, más diversidad, porque somos diferentes.
Hoy se contrata gente imposible, para hacer posible lo deseable. La capacitación, en esas notables enseñanzas necesarias siempre, donde se abreva el conocimiento, el mayor recurso para salir adelante este siglo XXI, la obra casi perfecta: el profesional.
El Tecnológico de Monterrey Campus Santa Fe fue el testigo perfecto para saborear cada momento, sin temor a equivocarme un orgullo mi hija mayor, que suma un diplomado en sus años de esfuerzo profesional de decisiones importantes. Continúa ese vuelo hacia mayores retos profesionales, porque nunca debemos dejar de permitirnos nutrirnos de conocimientos, para estar en competencia con los mejores.
Quizá en unos años más el doctorado que anhela, en instituciones sólidas, que privilegian el sentido de responsabilidad y la competitividad internacional, más allá de nuestras fronteras.
Ayer sentí disculparme con quien recibe mis artículos y lo hice; hoy lo hago con ustedes, no en la costumbre de escribir a diario, de los temas que marca la agenda nacional o mundial, sino en esa ansiedad de no estar frente al teclado de letras blancas, en ese disfrute en la pasión de hacer lo que hoy nos mantiene actualizados.
Retos en los meses por venir, probablemente alguna invitación. Para eso estamos preparándonos, asimilando que no siempre la espera de una oportunidad debe desesperarnos.
Recordamos con gusto la graduación del hermano mayor, en un brindis inolvidable. Noche de magia y encuentros con el amor de una hija que nos distingue invitándonos para ser partícipes de un paso más en su vida profesional, ascendente, de cosechar lo sembrado en la notable lealtad hacia quien responde en esa capacitación de corresponsabilidad.
Una frase que podría haber ilustrado el título de este artículo es, sin duda, gracias a la vida. Créanme que he vivido en los meses recientes, desde febrero de 2017, lo que con inspiración y tesón he sabido consumar, en esa suma de voluntades ante una adversidad con nombre y apellido, que nos permite hoy ser y estar.

En primera línea

Gracias siempre a las buenas noticias. No podía dejar pasar un día más, la memoria no almacena negativos a estas alturas de la existencia, suma lo necesario, lo notable, lo bondadoso, para permear mejor futuro.
Los años en el conocimiento constante nos permiten no tenerle miedo a los tiempos por venir, estamos más sólidos que ayer. Gracias a la oportunidad de ser nosotros mismos.

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