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Siempre hay otros: Un día de vida

…olvidar los agravios recibidos, no temer al rugido de las fieras…
M.E. Lope

Quizá dejé la casa materna y paterna demasiado joven. Después de tantos años con sus correspondientes atardeceres, me quedé a deber espacios de tiempos en la concepción de muchos gustos y momentos que nunca llegaron a mis sueños.
Dentro de ellos, sin temor a equivocarme, está el desprendimiento de mi mayor enseñanza, mi padre, que recuerdo ahora en cada palabra que tecleo, en cada mirada al cielo, en cada esfuerzo por ser mejor en lo que me propongo.

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