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Traición

Conclusión: si hubo traición de Rocío Abreu Artiñano, nada que se fue de infiltrada, ni nada parecido.
La noticia buena: es que ya se dieron cuenta.
La mala: demasiado tarde.
No sigan haciendo corajes, porque mientras lo hacen con riesgo de enfermarse, de sufrir un infarto o algo parecido, la senadora (merecido o no) sigue disfrutando de los beneficios que da el poder y de la mano del partido mayoritario, como lo ha venido haciendo.
Caso cerrado.
No hubo necesidad de recurrir a Sherlock Holmes y desembolsar millonario recurso para pagar sus honorarios.

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