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Primeros navegantes en el México prehispánico

Por: Rogelio Martínez Vera

Los mayas, toltecas, aztecas, zapotecas y el pueblo purépecha, son los grupos raciales de los que se conservan datos importantes en cuanto a que se valieron de la navegación para comunicarse con otras regiones a veces, muy distantes. Los mayas carecían de zonas lacustres y de corrientes fluviales y en consecuencia su navegación la hicieron utilizando generalmente el mar para viajar a otras regiones. Ese, indudablemente, es un gran mérito de esta civilización prehispánica.
Seguramente esta es la razón por la cual, en el flamante Museo Naval México que se reconstruyó en el Puerto de Veracruz y que está abierto a todo público desde el 21 de abril de 2014, los mayas figuran como los primeros navegantes del México Prehispánico. En el valioso documento bibliográfico que editó la Secretaría de Marina para dejar una huella permanente de tan fausto acontecimiento, en el Capítulo 4 denominado “El Umbral”, y que corresponde a la Sala Uno del Museo, se dice que:
“La navegación fue una práctica importante para las principales culturas mesoamericanas. Mayas, mixtecas y mexicas, en temporalidades y contextos distintos, desarrollaron su poderío utilizando a su favor los espacios acuáticos que circundaban sus territorios. Por esa vía, transportaban mercancías, obtenían recursos y emprendían campañas de guerra”.
Se indica en el propio texto conmemorativo que los mayas viajaron por el mar, alrededor de toda la Península de Yucatán, como lo hicieron también hacia Veracruz y Chiapas y hasta Guatemala y Honduras. Además de las corrientes marítimas, existen datos de que utilizaron las corrientes fluviales de los ríos Usumacinta, Grijalva, Champotón o el Río Hondo.
Para navegar, los marinos prehispánicos utilizaban canoas de regulares dimensiones, propulsadas por remos que manejaban con grandes habilidades y fortaleza los propios navegantes. Estas canoas eran fabricadas con troncos de árboles, generalmente de ceiba, que a base de rudimentarias herramientas ahuecaban, hasta darles la estabilidad y la forma necesaria para albergar en su interior a los navegantes. También construyeron, con troncos, balsas de diferentes dimensiones, dependiendo del volumen y peso de las mercancías o materiales que tuvieran que transportar. Como ya dije, movilizaban ambos tipos de embarcaciones con el esfuerzo humano de muy expertos remeros. El mérito indudable de los navegantes mayas es el de que fueron los marinos que se atrevieron a surcar las aguas del Golfo de México y del Mar Caribe para llevar su cultura a tierras entonces muy lejanas.
Pero, además de los mayas, se pueden citar a los toltecas como consumados navegantes que recorrieron una gran parte del Golfo de México, partiendo de Tabasco, en donde se ubicaba su principal sede, para recorrer toda la costa del Estado de Veracruz y penetrar tierras adentro por el río Pánuco y fundar la ciudad de Tula, en donde se encuentran los famosos y gigantescos “Atlantes”, como mudos testigos de su presencia en ese lugar.
Las gigantescas cabezas olmecas halladas en el sur del Estado de Veracruz, pertenecientes desde luego a la cultura tolteca, se cree que fueron transportadas en grandes balsas, desde el lugar en que se esculpieron esos enormes bloques rocosos.
La cultura mexica utilizó también la navegación para someter o establecer relaciones de amistad con otros pueblos ubicados en la enorme región lacustre del Valle de México, que abarcaba más de 800 kilómetros cuadrados. En efecto, los lagos de México, Texcoco, Xochimilco, Chalco, Xaltocan, San Cristóbal y Zumpango estaban comunicados entre sí y esto facilitaba la navegación. Cuando se formó el Gobierno de la Triple Alianza entre los imperios indígenas de Tenoxtitlan, Texcoco y Tlacopan, todos los pueblos circunvecinos de la región lacustre,¿ se volvieron tributarios o amigos del imperio de la Tri ple Alianza.
Este vasto imperio extendió sus dominios hasta los que hoy son los Estados de México, Puebla, Veracruz, Oaxaca, Hidalgo, Querétaro, Guanajuato y Michoacán. Esta cultura fue, junto con la maya, las dos grandes corrientes que dominaron vastas regiones de Mesoamérica.
El historiador Carlos J. Sierra en un extraordinario libro titulado “Historia de la Navegación en la Ciudad de México”, editado en 1972 -que es una joya bibliográfica-, narra cómo en 1521 se llevaron a cabo batallas navales entre las flotas española e indígena a dos mil 500 metros de altura sobre el nivel del mar y cómo, mediante un bloqueo de varios meses, cayó el orgulloso pueblo tenochca, rendido por hambre y las enfermedades, el 13 de agosto de 1521.
Desde luego no debemos olvidar a los purépechas o tarascos, cuya cultura nace y se desarrolla alrededor del Lago de Pátzcuaro, pero que por medio de la navegación comerciaron con pueblos lejanos, pertenecientes a otras culturas y así llegaron, navegando por los ríos Lerma y Balsas, hasta los actuales Estados de Guerrero, Morelos, Jalisco, Guanajuato y Querétaro. La navegación purépecha llegó, sin duda, hasta el lago de Chapala, en el Estado de Jalisco.
Finalmente la cultura zapoteca también hizo uso de la navegación para comerciar y establecer relaciones con otros pueblos de las regiones cercanas, como los actuales Puerto Escondido, Pochutla, Puerto Ángel y Huatulco en el actual Estado de Oaxaca y seguramente llegaron hasta Puerto Madero y Paredón, en el Estado de Chiapas. En todos estos lugares los zapotecas llevaron y trajeron café, licores, alimentos, semillas, telas y artesanías.
Creemos que quizá el Museo Naval México, por su modernidad y por su distribución en grandes salas con diferentes acontecimientos de la navegación, debiera enriquecer la Sala 1 denominada “El Umbral”, con datos de otros pueblos navegantes, como los aquí descritos.

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