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Barandilla: Vanidades de la vida

 María  del Carmen Platas Pacheco

Los seres humanos son susceptibles de ser ubicados por su sexo como mujeres o varones. Genéticamente no existe otra posibilidad. La condición sexuada en que se presenta lo humano impone un modo de ser específico, con claras implicaciones biológicas, morfológicas, psicológicas y sociales.
Quizás, por la influencia de los medios de comunicación y la revolución cultural que el internet ha creado, hoy vivimos una época que ha hecho del sexo y la sexualidad todo un negocio, bajo la consigna de “el que no enseña, no vende”, imprimiendo un profundo cambio cultural por el impacto que las imágenes ejercen sobre nosotros, espectadores pasivos y entretenidos con los contenidos más variados.
En el contexto de la adicción a la televisión, cada vez es más frecuente la presencia de mujeres conductoras de programas de noticias, con sus obligadas secciones de deportes y clima. En esos segmentos llama la atención la presencia de mujeres jóvenes y muy guapas, ataviadas con ropas de licras sumamente ajustadas para resaltar la belleza de sus cuerpos, usando zapatos de tacón muy alto y con grandes dosis de maquillaje.
Desde luego, ese modo de presentarse y aparecer en televisión en nada mejora la calidad de su trabajo periodístico, ni la veracidad y oportunidad de la información que comunican; más bien se trata de una forma más o menos velada o explícita, de vender sexo y agradar al segmento de espectadores varones, aficionados también a los famosos “calendarios” que por supuesto no pueden faltar en los talleres mecánicos.
Al parecer no existen programas de noticias, deportes o clima, donde los conductores varones se presenten con atuendos de licra sobreajustada, zapatillas de tacón alto y maquillaje para resaltar la belleza de sus cuerpos; lo queramos admitir o no y seamos o no conscientes, las mujeres, al prestarse e incluso beneficiarse con esas prácticas comerciales de sexismo, en realidad contribuyen a la denigración, exclusión y violencia tan contraria a la lucha por la equidad de género.
El sexismo es expresión del comercio de la imagen de la mujer. No ocurre como resultado de una conjura o emboscada de los ideólogos de la mercadotecnia; todo lo contrario, en la mayoría de los casos, las propias mujeres son quienes gustosas se prestan para ser exhibidas y en cierta forma exaltadas en esta real forma de denigración, de manera que al sobrevalorar sus atributos físicos, pasa a segundo o último término su aporte intelectual y profesional.
Se trata de un juego y negocio perverso, jocoso, amable y alegre para lograr, junto con las miradas de los varones, los ascensos sociales y económicos que satisfagan sus vanidades.
Quizás un enemigo oculto en la lucha por la equidad de género es, precisamente, el sexismo.
Se trata de una ideología altamente lucrativa que bajo la forma lúdica de coquetería y muestra explícita de las mejores partes del cuerpo de las mujeres induce a la excitación del deseo, haciendo de las mujeres que se prestan objeto de comercio y consumo. Con frecuencia estas prácticas impiden hacer conciencia de la condición de inferioridad en que los varones y las mujeres se ubican, por estar inmersas en esas prácticas exaltadoras de la vanidad.
La gran poeta mexicana y universal Sor Juana Inés de la Cruz (1651-1695), máxima exponente de las letras hispanas del siglo XVII escribía:
Yo no estimo hermosura que vencida/  es despojo civil de las edades/   ni riqueza me agrada fementida, / teniendo por mejor en mis verdades /
consumir vanidades de la vida / que consumir mi vida en vanidades.
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