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Siempre hay otros: La receta de la estabilidad emocional

El tacto tiene memoria.
John Keats

Bien dicen que la soledad es peligrosa, pero más aún la ansiedad en estas fechas de intensa reflexión, en el saludable recuento de lo vivido, y un poco ilusionándonos por lo que pueda darse en el mediano plazo en todos los sentidos posibles, porque nunca hay que descartar nada, ni a nadie en esos aterrizajes casi forzosos.
El reloj del tiempo avanza y no se detendrá. Somos esclavos de las horas desperdiciadas en el tránsito vehicular, en la espera de los impuntuales; ya ni las obras de teatro inician a la hora de que indica el boleto, y esa parte es desgastante, por los que amamos cada segundo que cuenta y mucho.
Llegamos en esa retroactiva cuenta equiparable al lanzamiento de una nave espacial, a seis días de dar el cerrojazo al año 2019, y hoy que nos amanece una navidad menos en la existencia, podemos concluir que nos hemos ido pacificando poco a poco.
Siempre será afortunado aquel que logre la estabilidad emocional, que no nos altere el sistema nervioso cualquier incongruencia, después de ser seducidos en las redes sociales, y hasta deambular, muchas veces de madrugada, leyendo y viendo imágenes, donde casi todas intentan atraparnos, por unos segundos quizá.
Caminamos más la vida en los tiempos recientes, y observamos a un país en penumbras, en las discordias de la política, en ese desgaste brutal de confrontarnos unos contra otros, y hasta nosotros mismos ante el espejo, haciéndonos preguntas en esa ilusión de esperar una señal o una respuesta.
Y llegamos a conclusiones a medias, sin escaparnos de la realidad, esa abrupta piedra que está impidiendo la luz entre las sombras, por las necedades, el narcisismo, el egoísmo, y por supuesto el inmenso poder de decidir de unos cuantos sobre más de 130 millones de mexicanos sin escapatoria.
Seis días con todo y sus horas, 288 en total para terminar un año inolvidable por sus desatinados acuerdos, pero más aún por los desencuentros con casi todos, imaginando que es más fácil enamorarse que encontrar escapatoria a lo ridículo que resulta ser honesto, pero sobre todo responsable.
Vamos tristemente haciendo las cuentas entre trienio y trienio en los municipios, en los Estados y el presidente de la República de seis en seis, pero al primer año ya tenemos aspirantes, suspirantes, en esa pobreza de una clase política que reprueba en las urnas porque nunca se acerca a conocer cómo viven la inmensa mayoría de los ciudadanos de a pie, y cuando están arriba, como se dice coloquialmente, los aplastan.
Y casi siempre criticamos que nos quedaron a deber, que robaron demasiado, aunque no nos conste, y repetimos como loros o merolicos a favor de la bondad y contra el enemigo imaginario, porque casi nunca logramos intercambiar puntos de vista con ese poder omnipotente, que define o decide a favor o en contra sin muchos elementos de juicio, desafortunadamente.
Seis hojas en el calendario nos quedan por vivir, en un invierno que se siente adverso en el clima extremoso, bajando la temperatura en el centro y norte del país, y cálido en el sur, sureste, como nos acostumbramos por años a sentir, a vivirlo.
Nuevamente nos retratamos en el escaparte de los otros sueños, porque entramos a la dinámica de lo que hace falta y es poco, o casi nada. Los hijos crecen, las relaciones de amistad son distantes, los conocimientos en práctica en la medida de lo posible y lo imposible de darse naufraga una vez más.
Así transcurre la vida ahora, como la navidad de este año impar, demasiado aprisa, unos por dormir, otros por esperar el recalentado, los más desvelados, soñolientos, pero con toda la carga emocional de abrazarse en familia, porque la soledad es mala consejera.

En primera línea

Cada año que pasa en el tiempo nos prohibimos más cosas. Antes todo era parte de lo mundano, pero con el calentamiento global, la protección a los animales y el rescate del medio ambiente en lo posible, ya no igual que antaño.
Somos el problema, pero también debemos entender que somos la solución. No esperemos una señal para incluirnos en la dinámica de salvarnos, salvando al planeta. Se vale.

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