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De Frente y de perfil: Los emergentes

La historia es cíclica. Cada elección presidencial se repite el numerito sobre el candidato emergente.
El sustituto, se dice, puede llegar por razones diversas; la pésima selección del candidato, su falta de carisma, el no lograr en el ánimo de los ciudadanos, romper con los altos mandos de su partido o en caso de muerte o incapacidad.
Solamente en una ocasión sucedió esto, es decir lo último, cuando el abanderado priista, Luis Donaldo Colosio Murrieta, fue asesinado en Lomas Taurinas y se procedió a buscar al relevo entre los militantes del partido que no estaban impedidos legalmente para competir.
Ernesto Zedillo Ponce de León fue el seleccionado, aunque no era el favorito para ello, ya que los otros auscultados no se habían separado de sus cargos con anticipación y por lo tanto no cubrían los requisitos de seis meses fuera de cargos de gobierno.
Pedro Aspe Armella, secretario de Hacienda, era el primero en la lista, pero se impuso el ex secretario de Educación Pública, quien actuaba como un distante coordinador de campaña del candidato presidencial.
Manuel Camacho Solís, el otro aspirante que disputó con Colosio Murrieta la candidatura presidencial, también estaba disponible pero el fuerte enfrentamiento sostenido con el sonorense lo convirtió en el menos propicio para ello.
Fernando Ortiz Arana, presidente nacional del PRI, fue alentado por los priistas de cepa para ser el emergente, pero no encajaba en los proyectos de José Córdoba Montoya, el principal impulsor de Zedillo Ponce de León.
Esa ha sido, hasta ahora, la única ocasión en que se recurrió a un candidato sustituto y fueron por razones dramáticas, de verdadera emergencia.
Desde aquella ocasión los partidos, especialmente aquellos que guardan posibilidades de ganar la elección presidencial, buscan tener un coordinador o miembro de la campaña o presidente de partido que tenga la suficiente fuerza para entrar al relevo.
Sin embargo, nada ha ocurrido en la historia moderna del país, con todo y que episodios, rumores, filtraciones y demandas sobre el relevo de un candidato se han multiplicado, algunas veces más que otras.
El entonces dirigente nacional del PRI, Alfonso Martínez Domínguez, sudó la gota gorda luego de que su candidato presidencial, Luis Echeverría Álvarez rindiera un homenaje a los estudiantes muertos el dos de octubre de 1968 y no hiciera lo propio con los soldados caídos.
Se asegura que el presidente Gustavo Díaz Ordaz, sumamente molesto, pidió el cambio de candidato, con todo y que él mismo había seleccionado a Echeverría Álvarez.
No sucedió nada, pero el distanciamiento entre el candidato presidencial y el presidente de su partido fue evidente y se hizo más visible con los sucesos del 10 de junio de 1971.
Con José López Portillo y Miguel de la Madrid no ocurrió algo similar (rumores sobre su relevo) y sus campañas caminaron por buena ruta.
La situación se complicó con la selección de Carlos Salinas de Gortari por la feroz competencia dentro de su partido (PRI) donde su nominación no gustó a personajes como Alfredo del Mazo y Manuel Bartlett, que se encontraban en la competencia.
Surgieron versiones de supuestas enfermedades del priista e incluso varias veces salieron los altos mandos del partido para negar esas filtraciones.
Al sexenio siguiente ocurrió el crimen de Colosio Murrieta y la emergencia que llevó a Zedillo Ponce de León a ser candidato y ganar los comicios.
En esas mismas campañas, Diego Fernández de Cevallos, candidato del PAN, fue involucrado en un posible relevo, ante una enfermedad que lo llevó a alejarse por algunos días del proceso electoral.
Con Francisco Labastida Ochoa, candidato del PRI, surgió un pequeño rumor de su cambio, debido a que el abanderado del tricolor no proyectaba e iba en caída espectacular; algunos sugirieron que lo relevara Roberto Madrazo Pintado, quien le había competido la candidatura presidencial.
Madrazo Pintado se convirtió en candidato priista seis años después y sufrió lo mismo en un desplome vertiginoso, por lo que algunos mencionaron la posibilidad de que el gobernador mexiquense, Enrique Peña Nieto, de reciente exposición y considerado un fenómeno mediático, enarbolara los colores del tricolor.
Peña Nieto fue candidato presidencial en el siguiente proceso y ganó, con una ventaja significativa, la Presidencia de la República, sin que surgieran rumores de ningún tipo.
Sin embargo en la actual contienda presidencial hay voces que desde el anonimato piden el cambio de candidato, tanto en el PRI como en el PAN.
Hay uno de los contendientes, Andrés Manuel López Obrador, que hasta sugirió que el ex secretario de Gobernación, MIguel Ángel Osorio, entrara al relevo, mientras que otros señalan al coordinador de la campaña, Aurelio Nuño Mayer como un eventual relevo.
Por el lado del abanderado de la alianza Por México al frente, Ricardo Anaya Cortés, se sueltan rumores similares, ante la presión y asedio que sufre el panista por las constantes muestra de un eventual enriquecimiento y hasta por el delito de lavado de dinero que le imputan.
Hasta el momento no ha sucedido nada, con todo y las constantes versiones, susurros, filtraciones y hasta mentiras que se montan alrededor de la historia de los participantes en este disputado proceso electoral 2018.

Reyes Baeza

Puede tomarse como campaña adelantada que en los comerciales del ISSSTE sigan dando como director de la institución a José Reyes Baeza, propuesto por el PRI como primero en la fórmula senatorial por Chihuahua.
El ex gobernador dejó de ser director del ISSSTE desde hace un mes, pero su nombre se menciona como si siguiese siendo.
Ahora que las autoridades electorales se volvieron tan pulcras, valdría la pena investigarlo.

ramonzurita44qhotmail.com

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