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La crónica: comida rápida y callejera

Por: Roberto Fuentes Cañizalez

PRIMERA PARTE

Tacos, tortas, hot dog, hamburguesas y hasta pastel

Los principios básicos de la gastronomía callejera nos exigen el cumplimiento de ciertos requisitos indispensables en su degustación. Resulta muy difícil de entender, para un buen comensal, ingerir una media docena de tacos sin contar con una buena y verdadera salsa picante; y, seguramente, no se sentirá cómodo si no tiene a su alcance unos chiles curtidos, cebolla y cilantro picadito para acompañar la delicia. Sentir el olor y escuchar intensamente el rumor de la fritanga, estimula el apetito de manera desacerbada y con mucha seguridad la media docena de taquitos pronto desaparece. Si estás comiendo de pie, no importa; si el lugar no es de lo más higiénico, tampoco; y si no cuentas con cubiertos, menos. Lo importante es el sabor, el deleite, el glamur de saborear un buen taco mexicano en su máxima expresión y comprensión. Percibir el calor que emana la tortilla en nuestras manos, observar con la boca estimulada de saliva cómo se desparrama la salsa picante sobre el contenido. Todo un ritual llevarlo con delicadeza a nuestra boca y acercarlo poco a poco hasta estar al alcance de la gran mordida. Luego viene el ¡Hummm! que rico, mientras -al principio- masticamos con lentitud; luego sentimos el picor y se acelera el proceso, alternando mordidas con bocanadas de aire fresco para mitigar y contrarrestar el picor.
Quien no conoce con profundidad el proceso, pudiera pensar en eventos masoquistas y hasta depravados; pero los versados en el asunto no le dan otro calificativo más acertado que el de placer, deleite y regocijo. Puede suceder que -durante el proceso de degustación-, aparezcan algunas gotas de sudor en la frente, que el color de nuestro rostro se acentúe y hasta enrojezca; pero tengan la seguridad que es de puritito gusto. Con frecuencia, para mitigar el picor, vamos alternando nuestros deliciosos bocados con alguna bebida refrescante que en el momento -literalmente- nos sabe a “gloria” y así, ambos placeres, se complementan de maravilla.
Asi es la crónica, normalmente la encontramos en la calle y bajo condiciones incontrolables, pues simplemente se da y así debemos tomarla y degustarla. Pasa de momento y en los instantes de procesarla y redactarla, es cuando debemos aderezarla con los elementos básicos y fundamentales para que sea una verdadera delicia. Con el sabor propio que da el estilo de origen, pero manteniendo firme sus componentes principales: Inicio, desarrollo y desenlace.
Algunos cronistas han intentado comparar -desde el punto de vista de la analogía- a la crónica con un incomprendido ornitorrinco, como lo hizo Juan Villoro, en 2006, con un camaleón excéntrico como lo planteó Julio Villanueva Chang en 2009 y hasta con un gato revolcado, como lo comparó -en un interesante análisis de la crónica hispanoamericana- José Luis Castro Aguilaren 2015, y lo han logrado desde el punto de vista de la analogía comparada.
Creo con firmeza que equiparar la semejanza indefinida y abstracta del género narrativo literario con la comida callejera, tiene gran ventaja; pues por un lado existe gran afinidad en que la encontramos en todas partes, sobre todo en la calle; y es, además, de procesamiento rápido y espontáneo, sin muchas complicaciones culinarias, en pocas palabras: sencilla en su esencia. También es importante mencionar que las personas la disfrutan y la viven con intensidad, aún sin tener pleno conocimiento de ella, pues están inmersas en su naturaleza y condición.
La crónica es un género narrativo que comprende en su esencia: Un solo evento vivencial, inmerso en un y tiempo y espacio determinados, con información implícita. En otras palabras, relaciona el tiempo, espacio, personajes y sucesos o información.
Normalmente, como el taco, la torta, el hot dog y la hamburguesa, se digiere en el momento presencial, “en caliente” y ocurre que influye mucho, nuestro apetito, gusto y la afinidad sensorial, del momento para poderla disfrutar y digerir. Así, a partir del punto de vista de su complejidad por los diversos enfoques, a la crónica la podemos diferenciar en diferentes niveles, desde la más sencilla que comprende una información simple, hasta las de mayores complejidades con contenidos más complicados y llenos de artificios estéticos, originados por la utilización de las técnicas de la literatura de ficción, con el uso de dialogo, el monólogo y la descripción.

Continuará…

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