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Siempre hay otros: De lo marginal a lo exótico

Nadie debe dudar que vivimos los tiempos más claros de una confrontación diaria entre quienes apuestan al encono y la discordia, y los otros, invitadores al diálogo que esconde siempre la realidad.
Los primeros, artífices de que se ventilen los grandes temas nacionales en todos los espacios de atención e intención posibles; los segundos,  empeñados en dar el do de pecho con la verdad que retrata en blanco y negro.
Tenemos a estas alturas de la existencia más de 10 años en una lucha frontal contra una delincuencia que está a nada de ganar más espacios, territorios, municipios y lugares comunes, donde usted y yo no podríamos, quizá, transitar en paz.
Los partidos políticos dirimen sus profundas diferencias del país que visualizan, no el nuestro, el de dificultades y falta de oportunidades; producen candidatos para el consumo humano, no para solucionar problemas.
Se echan las campanas al vuelo azul, con un Ricardo Anaya presto para alcanzar la nominación de su partido, dentro de un año exactamente, después de librar de manera exitosa, como están las cosas hoy, en los cuatro Estados donde se votará por aspirantes a ser gobierno.
El Estado de México es la joya de la corona, como le suelen nombrar; antes lo era Veracruz, y mucho antes el Distrito Federal, hoy Ciudad de México.
Y no es que esté flaca o desnutrida la caballada. Ya nos dimos cuenta que hasta en el país más poderoso del mundo las acusaciones y los falsos espejismos ocupan los espacios centrales del debate, nunca las propuestas.
De Donald Trump, enterados de la construcción de un muro en nuestra frontera norte, más bien es la extensión de este, que ya existe por cierto, y donde siguen muriendo a manos de la patrulla fronteriza norteamericana más connacionales cada día.
El sueño americano es que no hay propuesta; por lo tanto no esperemos demasiado, o hasta poco para ganarnos la confianza de nuevo.
Si bien los panistas con los resultados electorales del pasado 5 de junio, van a intentar gobernar a 40 millones de mexicanos, donde no todos por cierto votaron por ellos, pero es una afirmación del posible candidato panista a la Presidencia en el 2018, que hoy dirige a su partido.
Los dueños de las siglas de los partidos deberán entender que es un México distinto al del año 2000: no es contra el PRI contra quien deben enfocar sus baterías, y acusarlos de todo lo malo que le sucede al país, menos el problema central de la delincuencia.
Se ha puesto de moda el tema de la corrupción, que no dejará de existir. Por ello se tiene que combatir de manera frontal en cada espacio de los tres ordenes de gobierno.
No estamos en un lecho de rosas, sin espinas, y menos sin una alternativa clara que nos devuelva oportunidades que se han diluido en el discurso que se estrella en el parabrisas del metrobús todos los días.
Porque es una realidad que sigue habiendo pobres muy pobres, y ricos multimillonarios, que se dan el lujo de tener a sus familias viviendo en el extranjero, asegurando no solo su presente, sino también su futuro.
La crítica debe ir más allá de los ingresos o egresos de los dirigentes de los partidos políticos, de la transparencia y rendición de cuentas. Tenemos que aceptar que es urgente un cambio de modelo de país, no de discurso, insistimos, sino de fondo.
Atinadas declaraciones del secretario de Hacienda, José Antonio Meade Kuribreña, quien niega un rescate federal para Veracruz, porque no es un buen ejemplo hacerlo ante el cinismo de un mal gobernante,
Queda en el aire el golpe de realismo que nos puedan transmitir las fuerzas políticas en un país exótico, quizá, pero más marginal de lo que podemos pensarnos.
Son muchas horas sin sueño, para despertar con la voluntad inquebrantable de afirmar que debemos imponernos un cambio drástico para ser mejores.

En primera línea

Se terminó una fecha más que impone reflexiones profundas sobre el destino de nuestra existencia en la tierra, y sobre todo la exigencia de nunca parar en la preparación para alcanzar otras metas profesionales.
No todo está perdido en el horizonte alterno de esperar, de cumplir tiempos y circunstancias ajenas, que nos impiden imaginar un mundo mejor.

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